dissabte, 20 de gener del 2018
dimecres, 17 de gener del 2018
El treball i el seu significat

El
significado del trabajo
En una
lección a la Fraternidad San Carlo, Mons. Camisasca reflexiona sobre el
trabajo, dimensión profunda de la vida del hombre y al mismo tiempo evento de
comunión.
El
trabajo es una de las experiencias que más he tenido en cuenta a lo largo de
los treinta años que he vivido con vosotros. En esta lección os explicaré el
porqué.
La
lección se desarrollará en tres partes: Creación y trabajo, o sea el
significado creatural del trabajo; Eucaristía y trabajo, o sea qué
relación existe entre bautismo y trabajo; sacerdocio y trabajo, o sea
cuál es el lugar del trabajo en la vida sacerdotal.
La
Creación y el trabajo
No es
una casualidad, por tanto, que la primera mirada sobre el hombre y la mujer que
encontramos en el libro del Génesis se fije precisamente sobre la experiencia
del trabajo, así como en la experiencia de la maternidad (ver Gen. 1, 28-30; 2,
15). Encontramos que una de las consecuencias del pecado, de la rotura de la
unidad de la vida, es la fatiga en el trabajo (ver Gen 3, 17-19). Pero esto no
significa que el trabajo deba considerarse, ante todo, como una condena. Más
bien, el pecado actúa sobre una realidad preexistente de la persona humana
trastornándola, pero sin destruirla completamente. Por lo tanto el trabajo permanece,
antes y después del pecado, como un elemento fundamental de la vida del hombre.
Es tan cierto todo esto que, cuando el pecado es vencido por la gracia, esta
interviene justamente para redimir la relación del hombre con el trabajo y hace
del hombre un artífice de la salvación, en colaboración y en sumisión a Dios.
En el
libro del Génesis no sólo se presenta al hombre como un trabajador, sino que,
ante todo, se presenta a Dios como trabajador (ver Gen 1,1-27). El autor
bíblico que nos presenta a Dios ocupado creando el universo, llega a afirmar
que Dios, finalmente, descansó (ver Gen 2, 2-3). Sabemos muy bien que este
“descanso de Dios” es la anticipación de algo que nos espera al final, como lo
fue para el Creador, pero también es la descripción de la vida cotidiana de
Dios que entra a permear nuestra realidad cotidiana. El tiempo de descanso nos
revela la vida de Dios y nos revela también la posibilidad, para nuestro
tiempo, de empezar a vivir la vida que nos espera. Nos revela por tanto la
presencia de lo eterno en el tiempo, la presencia del futuro en el presente, la
presencia de Dios eterno y cambiante en la variedad de nuestro tiempo de
hombres.
Comienza
así la reflexión sobre la relación entre el trabajo y el descanso, que también
será una de las piedras angulares de la reflexión clásica, tanto de los griegos
como de los latinos. La cultura greco-latina reconocía una contradicción
irreconciliable entre trabajo y descanso, y postuló una división en clases de
hombres dedicados a los trabajos pesados y de hombres que, por capacidad
intelectual o por decisión de los dioses o por nacimiento, estaban destinados
al trabajo puramente intelectual. El mundo bíblico, al contrario, el hebreo
antes, pero también el cristiano, no ve contraposición ni división entre
trabajo y descanso. Al contrario, educa a una compenetración de uno en el otro,
como he apuntado anteriormente. Otium y negotium no se
contraponen en la experiencia judeocristiana, como aparece claramente en la
síntesis más alta, la Regla de San Benito.
Pero
volvamos a hablar de trabajo.
¿En qué
sentido el trabajo es una dimensión de la vida del hombre? En un sentido
profundo. El hombre sin trabajo, o mejor dicho, sin trabajar, no expresaría el
nivel fundamental de su ser. No sería él mismo, no podría realizarse, ser
feliz. Él sería como un hombre que no sabe amar, que no sabe conocer. De la
misma manera que el amor y el conocimiento, el trabajo pone en relación el
hombre con la realidad y sobre todo con el mundo humano. Por medio del trabajo
el hombre puede amar, tiene algo que ofrecer, algo para lo que sacrificarse y
por lo que estrechar relaciones con los demás llenas de gratuidad.
El
trabajo nos habla de una responsabilidad común. Une a cada hombre con los demás
y con toda la Creación entera. Incluso cuando un trabajo fuese realizado en la
más total soledad, ello sería siempre una acción del espíritu sobre la materia,
crearía siempre un fruto que modificaría la realidad del hombre y sería un don
para todos. Por su misma naturaleza, por tanto, el trabajo es un evento de
comunión y, por su misma naturaleza, puede correr el riesgo de ser un elemento
de división, de guerra, de contraposición, de rivalidad, de odios, como sabemos
perfectamente. Esto es obra del pecado. Todo lo que es profundamente elevado en
el hombre es también profundamente corruptible. Como en nombre del amor y del
conocimiento se desatan las aversiones, las divisiones y las rivalidades, de la
misma manera en nombre del trabajo se desencadenan las guerras y las luchas
entre los hombres.
He usado
expresamente el término “trabajo” en un sentido general. Trabajo puede ser el
canto, la lectura, el uso de una máquina, labrar la tierra. O tener otras
expresiones. A través de cada expresión de sí mismo, el hombre toma conciencia
de sí mismo y de sus potencialidades, de su realeza dentro de la Creación, de
su capacidad para intervenir en un mundo y en un universo que nos ha sido
confiado por Dios. El universo está sin terminar, no porque nosotros podamos
llevarlo a su plenitud con nuestras capacidades – esto sería un acto de
soberbia – si no porque podemos contribuir a su crecimiento. Se puede trabajar
para que el mundo sea un hogar para los hombres y una anticipación, aunque muy
embrionaria, de la casa definitiva que nos espera.
A la luz
de estas consideraciones, se entiende que la pereza o la desidia sean una
verdadera enfermedad del espíritu. Son aquellas posiciones del alma por las que
se quiere renunciar a intervenir con el propio trabajo en la historia del
mundo. ¿Cuáles son las causas más profundas de la pereza y la desidia? Son
muchas, según la historia personal. A veces porque uno se considera incapaz,
tiene miedo, por cansancio; otras veces se han tenido que sufrir humillaciones,
contradicciones, heridas y se prefiere salir del teatro del mundo y de las
cosas. Estoy hablando, evidentemente, de nuestras casas, no de una
fenomenología abstracta.
En este
sentido debemos notar que si indudablemente en la vida hay un tiempo de
descanso (y esto es verdad para todas las etapas de la existencia), sustancialmente
la vida es un tiempo en el que estamos llamados a gastar a través del trabajo
nuestros dones y nuestras energías para el bien nuestro y de todos. Y sólo en
esta laboriosidad nuestro corazón puede encontrar una verdadera satisfacción.
Existen,
y son muy frecuentes, las perversiones del trabajo. El trabajo puede ser
idolatrado como el propósito de la existencia, al cual quedan finalizados -y
por tanto también sacrificados- los valores afectivos, la misma fe en Dios.
¡Cuántos vuelven tarde por la noche porque tienen cosas que hacer! Ya no existe
el hogar. Estoy pensando en las familias, pero también en nuestras casas. Estoy
ocupado, debo encontrar aquella persona, arreglar aquella comunidad, ese sermón
que preparar… Todo esto puede ser una necesidad real, así como una perversión
del trabajo. No es nada raro encontrar esta perversión en el trabajo, por lo
que se le ve como un ídolo a quien sacrificar todo. Nosotros sabemos que cada
mentira, como decía Chesterton, es una verdad que se ha vuelto loca. En este
caso, esto que tendría que conectar el hombre a su destino, a los demás hombres
y a la Creación, acaba separándolo de todos. Es la obra del demonio, del mal,
que consiste no tanto en la creación de objetos negativos, es decir en el mal
que hago, sino en la perversión de las dimensiones auténticas del hombre: el
mal que de hecho hago pensando en amar y conocer, pensando en hacer el bien del
otro.
Uno de
los objetivos fundamentales de la vida común, de la vida familiar, de la vida
social y, finalmente, de la vida eclesial, debería ser educar las personas al
gusto, al sentido y a la necesidad del trabajo. Subrayo cada una de estos tres
sustantivos: el gusto, el sentido y la necesidad del trabajo. El gusto del
trabajo se refiere a nuestra relación con lo bello, el sentido con la verdad,
la necesidad con el bien.
Hoy
somos testigos -por lo menos en nuestro mundo occidental, y especialmente en
Europa y en Italia- de una grave pérdida del sentido del trabajo. La cultura
del trabajo parece muerta. Este, separado del conjunto de significados que
deben animar la vida del hombre, se convierte como en una variable enloquecida
de la existencia. Vemos por tanto a aquellos que trabajan tan sólo para ganar
dinero, aquellos que simulan que trabajan pero en realidad no lo hacen,
aquellos que intentan sustraerse al trabajo, aquellos que hacen tres o cuatro
trabajos para ganar más y por tanto los hacen mal, superficialmente, y son un
peso para la sociedad además de ser un fenómeno de corrupción. Una de las
tareas fundamentales de nuestras comunidades debería ser aquella de ayudar a
las personas a redescubrir el sentido del trabajo, sin el cual no puede haber
harmonía, vida social, posibilidad de felicidad para el hombre y no hay tampoco
una auténtica experiencia eclesial. Pienso en los que no hacen nada y vienen a
nuestras comunidades porque no tienen otros lugares donde ir. Si nosotros no
ayudamos estas personas a encontrar su lugar en la vida, nuestras comunidades
serán una ruina para ellos.
No
faltan también entre nosotros quienes sienten el trabajo como una carga. Todo
esto puede estar determinado por razones diversas en las que no puedo entrar
ahora. Deseo tan solo subrayar la importancia para nuestras casas de vigilar
para que cada uno de nosotros tenga siempre presente, con claridad, el valor
positivo y atractivo del trabajo, para que cada uno sea ayudado, allí donde
pueda haber una visión puramente negativa y renunciataria de la vida, a entrar,
aunque lentamente, en un redescubrimiento progresvo de la importancia del sacrificio.
He usado
expresamente esta palabra porque no puede haber trabajo sin sacrificio.
Redescubrimos aquí el verdadero sentido de las palabras del Génesis. El trabajo
duro del que habla el libro del Génesis es ciertamente todo trabajo. Adquirir
un conocimiento, expresarlo a través de una experiencia laboral, arriesgar
nuevas hipótesis de interpretación de la realidad, intervenir sobre las cosas a
través de la creación de nuevos objetos, llegar a nuevas lecturas científicas
implica un riesgo, una fatiga, un comprometerse con las cosas, implica un gran
ideal que apoye todo este compromiso. Es tarea de nuestras comunidades sostener
este ideal que dé a las personas no solo la fuerza de aguantar el propio
trabajo, sino también el deseo de desarrollarlo, el gusto de levantarse por la
mañana para poder participar de la obra creadora de Dios.
Eucaristía
y trabajo
Todo
bautizado se pregunta cómo su trabajo entra en el misterio de la redención.
Esta es una pregunta que siempre me ha fascinado y que no tiene una respuesta
sencilla, porque en gran medida es misteriosa la forma a través de la cual
nuestro trabajo viene salvado y, además, contribuye a la salvación.
Nuestro
trabajo está salvado en la medida en que es ofrecido, según nos dice la Carta a
los Romanos. San Pablo en efecto dice que toda la Creación gime y sufre como en
los dolores del parto esperando la plena manifestación de la salvación de los
hijos de Dios (ver Rm 8, 19-23). Entonces existe una relación entre la
salvación del hombre y la de todo el universo. El trabajo del hombre se
convierte en una de las características de este vínculo. Debemos anotar en
seguida que el trabajo no tiene en sí mismo una fuerza salvadora, redentora,
mesiánica, como en cambio piensa el marxismo; al mismo tiempo, sin embargo, él
no queda sin significado respecto a la transformación del mundo hacía su
cumplimiento- ¿Qué significado? Una ayuda nos viene de las oraciones del
Ofertorio: es allí donde he reconocido la ayuda más profunda para comprender
finalmente el peso de mi trabajo en la obra redentora de Cristo. La oración de
bendición de los dones, traducida de la antigua Berakah hebrea, dice: «Acoge,
Señor, estos dones: este pan y este vino, frutos de la tierra, de la viña y del
trabajo del hombre, para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo».
Entramos
entonces en esta oración, no sin haber recordado otras expresiones del Nuevo
Testamento que nos pueden ayudar en este sentido, por ejemplo el comienzo del
capítulo 12 de la Carta a los Romanos: ofrecerse ustedes mismos como una
víctima viva, santa y agradable a Dios (ver Rm 12, 1).
Volviendo
ahora a las oraciones del Ofertorio debemos preguntarnos: ¿qué sucede en estas
oraciones? Nosotros pedimos a Dios que el pan y el vino se conviertan en Cuerpo
y Sangre de Cristo, pero en las oraciones está recogida también esta expresión:
«fruto de la tierra – fruto de la vid – y del trabajo del hombre». Entonces en
aquel pan y en aquel vino entran Dios y el hombre. La tierra, la vid, son algo
que viene de Dios. Hay una semilla que es puesta por Dios en nuestra
existencia, se trata de los famosos talentos de los que habla el Evangelio:
nuestra inteligencia, nuestra libertad, nuestros deseos, nuestra capacidad de
llevar una contribución a la vida de la tierra, pequeña o grande no importa, a
través de la generación de los hijos, de su educación, a través de la obra
artística, intelectual, el trabajo manual y todas las formas expresivas del
hombre. Contribuimos así a la transformación interior y exterior, en bien y a
veces en mal, de nuestra tierra. ¡Qué inmensa transformación obra el trabajo
del hombre!
En el
origen de todo, por tanto, está Dios con sus dones. Dios hace de nosotros unos
seres capaces de pensar, de crear, de amar, deseosos de intervenir, de
transformar, de emprender, justamente a partir de lo que Él nos da. El hombre
participa de la obra de Dios. Aquí está otro secreto del trabajo: nace del
deseo de participar en la obra de Dios no tan solo como Creador, sino también
como Salvador; participar en aquella obra a través de la cual Dios crea el
mundo y lo transforma a través de la presencia de su Hijo muerto y resucitado,
a través del don del Espíritu, a través de su Iglesia que no es ajena al mundo,
a la tierra, sino que está inmersa en esta tierra, aunque su origen sea el cielo.
Por tanto no somos del mundo, no salimos de él, pero estamos en el mundo y
somos participantes activos de una transformación del mundo.
Subrayo
algunas palabras mediante las cuales podemos resumir al menos los aspectos más
importantes con los que nuestro trabajo se convierte en parte de la obra de
Dios. La primera es la palabra sacrificio, que ya la oración del
Ofertorio nos invita a reconocer como el camino fundamental para que la
existencia se convierta en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sacrificio no
significa renuncia, no significa muerte, más bien, como nos enseñó don
Giussani, quiere decir mortificación, o sea aceptar que nuestra vida no se
gaste para nuestra gloria, sino para la gloria de Cristo en la tierra y en los
cielos. Significa, por lo tanto, acoger la vocación que Dios nos envía, el
camino en que nos metemos, como la manera privilegiada a través de la cual
podemos participar en la difusión de su Reino en el mundo.
Esta
consideración ya arroja una luz especial sobre nuestro trabajo, que debe
entenderse ya no sólo como expresión de nosotros mismos, sino también como el
camino a través del cual el Hijo de Dios se da a conocer en el mundo. ¿Cómo es
posible que otros conozcan el Hijo de Dios a través de nuestro trabajo? No
existe una única respuesta a esta pregunta; podrán ser nuestras palabras, la
belleza de lo que hacemos, la paciencia con la que vivimos nuestra fatiga, el
brillo de nuestra cara. Muchas y muchas son las formas en que nuestro trabajo
puede hablar de Cristo, y el mismo Cristo nos las sugerirá.
Más aún
que la palabra sacrificio es la palabra ofrecimiento la que
ilumina la realidad de nuestra fatiga. Hay un vínculo seguro con Dios, hay una
utilidad segura en nuestro trabajo, cualquiera que este sea, cual sea el fruto
que logre, cualquier cambio exterior, grande o pequeño, pueda producir en la
vida de los hombres. La palabra ofrecimiento desvela todo esto. La
conocía bien el pueblo judío, que veía estrechamente unidas su oferta con la
misma alianza de Dios e incluso el éxito de su misión en la historia.
Ofrecer
significa reconocer que Dios está en el origen de cualquier intento nuestro, de
toda obra nuestra, es Él quien la lleva, es Él quien determina su fruto y
establece su futuro destino. Solo Él conoce el designio entero de la historia
del mundo y solo Él, por lo tanto, puede conocer cuál es el lugar de nuestro
trabajo, de nuestra fatiga dentro el trabajo y de la fatiga de todos los demás
hombres y junto con ellos.
El
ofrecimiento es el camino seguro de la fecundidad de nuestro trabajo. “Señor,
yo te ofrezco esta hora de estudio, te ofrezco esta mañana que paso en este
escritorio, te ofrezco esta jornada en la que trabajo en esta fundición, en
esta tienda; te ofrezco mi preparación del almuerzo esperando a mis hijos y mi
marido; te ofrezco el silencio, la ocultación de mi obra, o bien te ofrezco su
magnitud; haz que no me deprima y no me exalte demasiado”.
«Cuando
tú coronas nuestras frutos, en realidad coronas tus méritos» escribió San
Agustín, y así nosotros estamos llamados a saber que incluso el fruto de
nuestro trabajo es obra de Dios, porque es Él quien ha puesto dentro de
nosotros capacidades o dotes y Él desea ardientemente que éstas sean llevadas a
dar fruto para el bien de todos. Solo Él conoce la medida del valor del trabajo
del hombre. Él, que conoce también el trabajo de quienes tienen pocas
capacidades, que conoce también las palabras de los que no saben expresarse,
que conoce los pensamientos de los que no tienen voz. Él todo lo acoge, todo lo
valora. En su diseño todo adquiere un significado y un peso que nosotros no
podemos evaluar.
Deseo
subrayar otra palabra importante, comunión, tanto en su significado
eucarístico como en su significado social. En su significado eucarístico: lo
que conduce el mundo hacía su plenitud es un trozo de pan blanco, silencioso,
escondido. También nosotros estamos llamados a tener este sentimiento de la
historia del hombre y por lo tanto a pedir a Dios que acoja nuestro trabajo
para que sea Él que le saque la utilidad que desea. En su significado social,
la Eucaristía como comunión nos enseña que nuestro trabajo está llamado a
fortalecer la comunión entre los hombres. No es indiferente que un artista
escriba algo que exalte el corazón, que lo ensanche, lo dilate o lo deprima,
que lo conduzca hacia el bien o hacia el mal. No es indiferente que un
arquitecto construya una ciudad donde se vive mejor, donde se aprenda a
reconocer el lugar de Dios y de los hombres o, por el contrario, por pura
exaltación de sí mismo y de su propia gloria, diseñe ciudades y casas donde es
más difícil vivir y reconocer el sentido de la vida. Podríamos hacer ejemplos
sin fin.
Cada uno
de nosotros sabe que su trabajo puede, en lo poco o en lo mucho, contribuir al
bien o al mal de todos.
Sacerdocio
y trabajo
En esta
breve tercera parte de mi lección quisiera sacar algunas consideraciones para
la vida sacerdotal de lo que dije antes.
Ante
todo quiero recordar que nuestra vida es un trabajo. Por lo tanto tiene las
características exaltantes y también fatigosas de cualquier trabajo, sobre todo
de los que han sido deseados, acogidos y realizados como un camino vocacional.
Si
miramos a Jesús y a su vida tal y como nos la relatan los evangelios, podemos
notar su incansabilidad. Ciertamente no era una incansabilidad ansiosa o, aún
peor, jadeante. Podríamos definirla una incansabilidad ordenada. Su correr de
pueblo en pueblo estaba ordenado por el deseo de obedecer al Padre. Su
incansabilidad, por lo tanto, nacía de la obediencia, de un sentido agudo,
profundo, de relación con el Padre, de un sentido profundo de la hora, del
valor del tiempo colocado en lo eterno. De la misma manera su incansabilidad
era ordenada porque estaba salpicada de momentos de oración y también de
conversación y de descanso con sus discípulos y amigos. Así debería ser la vida
del sacerdote, determinada por estos dos focos: la urgencia de la misión y la
necesidad de ese diálogo con el Padre y con los hombres que solo permite el
descanso del espíritu y da la posibilidad a nuestra misión de ser portadora de
Cristo y no de nosotros mismos.
Entendemos,
por lo tanto, cómo la vida sacerdotal vive toda de esa síntesis entre otium
y negotium del que hemos hablado. El ora et labora de San Benito
no es tanto la descripción de diferentes momentos del día. Es sobre todo la
descripción de aquello que debe ser cada momento de la vida. Si el trabajo
supremo es precisamente la oración, esta necesita expresarse en una
responsabilidad hacia los hombres, en un ir hacia ellos, en un trabajar
concretamente con ellos y para ellos.
En
ningún monasterio he encontrado una síntesis tan poderosa como en los
monasterios benedictinos. En otras formas de espiritualidad, de hecho, el
trabajo es visto a menudo como algo que nos permite vivir, sostenernos, o algo
que se debe hacer, justamente, para llenar el tiempo entre una oración y la
otra. En la síntesis benedictina no es así, y también para nosotros quisiera
que no fuera así. Nuestro trabajo, ya sea ir a encontrarse con una familia o
una clase de catequesis, la celebración de la misa o encontrar un enfermo,
estudiar para preparar una clase o cualquier tipo de trabajo, es algo que brota
de nuestra relación con Dios y nos conduce de nuevo a ella.
Entendemos
cómo esta unidad entre oración y trabajo está profundamente conectada con la
unidad entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Solo en el cristianismo
existe una tan profunda compenetración entre estos dos mandamientos, tal que
obedecer a uno no es posible sin obedecer también al otro. Más aún, son casi un
mismo mandamiento.
Por lo
tanto es absolutamente decisiva la vigilancia sobre la vida de oración en
nuestras casas. Sin la oración no puede haber trabajo, no puede haber una
experiencia sana del trabajo y, al mismo tiempo, sin trabajo no puede haber una
verdadera experiencia de oración.
Debemos
ayudar a nuestros hermanos cansados, pidiéndoles no un trabajo imposible, sino
el trabajo que pueden dar en este momento de su vida. Esto significa también
prever la posibilidad o la necesidad de tener que acompañar a estos hermanos en
su trabajo, así como los acompañamos en su oración.
Muchas
veces me he parado con vosotros a hablar del significado de los varios momentos
de la misa, y pienso que ningún tema como el del trabajo ilumina la importancia
de penetrar cada vez más en la realidad de la celebración eucarística para
poder entrar en el misterio del universo y por lo tanto también en el misterio
del trabajo, del sacrificio, de la fatiga. En la misa todo es recogido, todo es
ofrecido, todo es llevado a la unidad. Nuestro sacerdocio por lo tanto tiene
siempre un significado místico y un significado social: estos son inseparables
y coexisten en nosotros mostrando la grandeza del arco de nuestras
responsabilidades.
El tema
del trabajo abre delante de nosotros un horizonte ilimitado y apasionante.
Nosotros, con nuestra vida, podemos entrar profundamente en el misterio mismo
de Dios, podemos colaborar en la obra de la Creación y de la Salvación; podemos
constituir un puente entre el cielo y la tierra; podemos interceder para que,
ya en este tiempo, empiece a manifestarse, aunque veladamente, el rostro de la
Jerusalén celestial; podemos acompañar eficazmente a los hombres en la
cotidiana y dura fatiga de las responsabilidades que se les exigen, en los
sacrificios que deben hacer y en la pesadez, a veces difícilmente imaginable
para nosotros, a la que ciertos trabajos les obligan.
De esta
manera, la vida sacerdotal se coloca justo en el centro de la vida del mundo y
de la historia, y nos desvela la centralidad de la persona de Cristo en la
realidad del universo.
dimarts, 16 de gener del 2018
Pèrdua de poder adquisitiu de les llars al 2017

La frenada en els preus no evita la pèrdua de poder adquisitiu de les llars
L’índex de preus va tancar l’any a Catalunya amb una discreta pujada d’un 1,2%, especialment si es compara amb la taxa de fa un any, un 1,9%, i encara més respecte de la del gener següent, en què va escalar fins al 3,1%. Així ho ha confirmat l’institut estadístic espanyol, l’INE, que també ha comunicat que la pujada mensual del desembre va ser de 2 dècimes.
L’índex de preus va tancar l’any a Catalunya amb una discreta pujada d’un 1,2%, especialment si es compara amb la taxa de fa un any, un 1,9%, i encara més respecte de la del gener següent, en què va escalar fins al 3,1%. Així ho ha confirmat l’institut estadístic espanyol, l’INE, que també ha comunicat que la pujada mensual del desembre va ser de 2 dècimes.
El Punt Avui, 15 gener 18
El progrés de la inflació, que ha quedat només
una dècima per sobre de la del conjunt de l’Estat, ha estat sensiblement
diferent de la del 2016, malgrat que ja encadenem 17 mesos amb un IPC
positiu, ja que la taxa del desembre és la més baixa de l’últim any.
Elements que impacten directament sobre l’índex, com ara els carburants,
han anat alentint els seus encariments. Així, els combustibles, tot i
que han fet un 4,2% d’increment interanual, a principi d’any s’apujaven a
raó d’un 16%. Els serveis van presentar una evolució dispar: mentre que
l’electricitat i el gas es paguen un 1,6% més cars, altres
subministraments com ara l’aigua s’han abaratit un 0,7% en l’últim
exercici. En el capítol de l’alimentació, que costa globalment un 2,1%
més, destaquen els olis i greixos (9,7%), l’aigua mineral, els refrescos
i sucs (9,2%) els ous (5,7%), el peix (5,4%) i el marisc (5%). Altres
segments del consum, com ara el lloguer i el vestit i el calçat també
costen més, un 0,8% i un 0,6%, respectivament. Finalment, hi ha aportat
una inflexió l’avançament de les rebaixes, que han generat descensos de
preus ja al desembre, quan normalment no es deixaven notar fins al
gener.
Les xifres, especialment les acumulades, van fer posar el crit al cel
als sindicats majoritaris. La UGT va denunciar la pèrdua “sostinguda”
de poder adquisitiu de les famílies i va reclamar una pujada de salaris
d’almenys un 3% i una revaloració de les pensions referenciada a l’IPC
per rescabalar els ciutadans afectats.
Segons els càlculs del sindicat liderat per Camil Ros, el 2017 els
salaris dels catalans han perdut un 4% de capacitat adquisitiva, que
arriba a un 11,8% acumulat des del 2009, en bona part “per la pèrdua de
poder de negociació que han comportat les reformes laborals”, segons
resa el comunicat de la UGT, que també recorda que els beneficis
empresarials, en canvi, han recuperat els nivells del 2007.
CCOO, al seu torn, va posar l’accent en el deteriorament de les
pensions, que han perdut gairebé un 0,9% de poder adquisitiu en l’últim
any, per la qual cosa se suma a la demanda de la derogació de l’actual
mecanisme d’increment de les pensions i la seva substitució per un altre
que en garanteixi el poder adquisitiu, especialment de les més baixes, i
de la convocatòria de la comissió del Pacte de Toledo per abordar una
reforma de la Seguretat Social.
Per la seva banda, des de Pimec es va fer una “lectura positiva” de
l’evolució. La patronal interpreta que continua la dinàmica de
creixement econòmic elevat (al voltant del 3%) combinat amb una inflació
“molt moderada”.
dissabte, 13 de gener del 2018
Parlen els bisbes de les diòcesis amb seu a Catalunya
La Jornada Mundial de l’Emigrant i el Refugiat i la Setmana de Pregària per la Unitat dels Cristians
Iniciant el temps de durant l’any, en la Jornada
Mundial de l’Emigrant i el Refugiat i a les portes de celebrar la
setmana de pregària per la unitat dels cristians (del 18 al 25 de
gener), els bisbes de Catalunya centren els seus escrits a parlar
d’aquests esdeveniments, així com d’una frase de sant Agustí, de les
petites llavors i de l’acolliment dels divorciats.
GIEC, 12 gener 18
Mons. Jaume Pujol,
arquebisbe de Tarragona, afirma que “les dades que se’ns ofereixen de
persones emigrants i refugiades (224 milions d’emigrants) són
preocupants” i que “això són xifres, però no podem oblidar que al
darrere hi ha persones”. Recorda que en el missatge amb motiu de la
Jornada Mundial de l’Emigrant i el Refugiat el Papa apel·la a la
sol·licitud de l’Església envers els emigrants, desplaçats, refugiats i
víctimes del tràfic de persones i afirma que «la nostra resposta comuna
es podria articular al voltant de quatre verbs: acollir, protegir,
promoure i integrar», termes fàcils de comprendre, però, com conclou
Mons. Pujol, “la nostra responsabilitat no és només entendre-ho, sinó
sentir-nos implicats en cada persona que truca a casa nostra”.
El cardenal Joan Josep Omella, arquebisbe de
Barcelona, es fixa en el repte de la unitat dels cristians i el lema de
la Setmana de Pregària per la Unitat dels Cristians, «La vostra dreta,
Senyor, és forta i gloriosa» (Ex 15,6), un lema que “vol anar al nucli
per recordar-nos que és el Senyor qui sosté la nostra vida, és Ell qui
fa meravelles i fa possible el que als nostres ulls semblaria
inabastable”. I acaba les seves paraules convidant-nos “a intensificar
la pregària per la unitat dels cristians” i informant que “el proper
dijous 18 de gener a la catedral de Barcelona iniciarem aquesta setmana
de pregària amb un acte ecumènic organitzat per la Delegació Diocesana
d’Ecumenisme i Relacions Interreligioses”.
Mons. Joan Enric Vives, arquebisbe d’Urgell, parla
dels emigrants i dels refugiats, centrant-se en el missatge del Sant
Pare en la Jornada Mundial de la Pau, amb el lema “Emigrants i
refugiats: homes i dones que busquen la pau”. Mons. Vives recorda que el
Papa proposa per la pau quatre accions: «Acollir» “amb entrada legal
àmplia, sense persecució o violència”. «Protegir», que ens recorda “el
deure de reconèixer i de garantir la dignitat inviolable dels que fugen
d’un perill real, a la recerca d’asil i seguretat, evitant la seva
explotació”. «Promoure», que “té a veure amb donar suport al
desenvolupament humà integral dels emigrants i refugiats” i «integrar»,
que significa “treballar perquè participin plenament en la vida de la
societat que els acull, en una dinàmica d’enriquiment mutu i de
col·laboració fecunda”.
Mons. Agustí Cortés,
bisbe de Sant Feliu de Llobregat, tracta de les petites poderoses
llavors per transformar el món, de “l'efecte multiplicador d'una sola
llavor, que, convertida en un arbre produeix molts fruits. I el moment
en què aquests, al seu torn, esdevenen llavors de més arbres”, camí que
va seguir Jesús, segons el Pla de Déu. Parla dels primers deixebles en
els quals “es donava l'ànsia, l'expectació, el desig vehement, propi de
la humanitat desperta, de trobar el Salvador” com a llavors incipients i
petites que “van començar a créixer, es van endinsar en el camí del
seguiment de Jesucrist”, i de la fecunditat de la nostra Església, que
“està en els seus orígens”, i ens diu que “tornar a ells és la nostra
tasca constant”.
Mons. Josep Àngel Saiz, bisbe de Terrassa, recorda
que el papa Francesc és molt sensible a la realitat dels migrants i dels
refugiats i que el missatge que ens ofereix en la Jornada d’enguany
resumeix en quatre verbs el programa a seguir: “Acollir, protegir,
promoure i integrar els immigrants i refugiats”. I afirma que l’Església
“està compromesa en aquesta tasca, en coherència amb la seva essència
més profunda, i ho fa des del principi de la centralitat de la persona
humana” i que “s’ha d’implicar a fons amb la seva paraula i amb la seva
acció, juntament amb altres àmbits de la societat civil”.
Mons. Romà Casanova, bisbe de Vic, comenta la frase
de Sant Agustí “Els pastors bons surten d’entre les ovelles bones”,
títol de la seva última carta pastoral en la qual remarca “la missió
comuna a tota l’Església, a tots els seus membres, tant pastors com
laics. Missió, que no és cap altra que l’anunci de la Bona Nova,
l’Evangeli de la salvació, Jesucrist, Senyor nostre” i mostra la seva
“preocupació de pastor d’aquesta Església, per la manca de vitalitat en
les nostres comunitats, en les nostres famílies, en els membres de la
comunitat cristiana”.
Mons. Enric Benavent, bisbe de Tortosa, enfoca la
seva glossa en el missatge que ha dirigit el papa Francesc a l’Església
amb motiu de la Jornada Mundial de l’Emigrant i el Refugiat,
concretament en el “compromís dels cristians i de les persones de bona
voluntat perquè els emigrants i refugiats puguen trobar la pau que
cerquen”, que es pot resumir en les accions ja esmentades: acollir,
protegir, promoure i integrar. Mons. Benavent conclou la seva glossa
dient que “el que el Papa vol és que els cristians no ens deixem influir
per missatges negatius que provoquen el rebuig, sinó que potenciem
sempre actituds positives cap als emigrants, pensant abans que res en la
seua dignitat humana i veient-los com a fills de Déu”.
Mons. Salvador Giménez, bisbe de Lleida, parla de la
Setmana de Pregària per la Unitat dels Cristians, que en l’hemisferi
nord se celebra tradicionalment del 18 al 25 de gener, aquest any amb el
lema “La vostra dreta, Senyor, és forta i gloriosa” (Ex 15, 6) i uns
materials i orientacions pastorals preparats per les Esglésies del
Carib. Mons. Giménez expressa unes paraules sobre el tema central i
recomana a totes les parròquies i comunitats cristianes que
“constantment preguin al Senyor per aconseguir un dia la unitat que Ell
mateix ens demanava en l’evangeli de Sant Joan (Jn 17, 11)”.
Mons. Francesc Pardo, bisbe de Girona, se centra en
les migracions. Diu que “les imatges que ens arriben sovint dels camps
de refugiats, dels qui moren en intentar la travessa del nostre mar per
arribar a Europa, dels qui arriben en pasteres i han de ser
rescatats..., ens commouen” i que, tanmateix, “no podem oblidar la
quantitat de persones que han arribat a casa nostra i que encara truquen
a la porta cercant reconeixement, treball, mitjans dignes per viure”;
afirma que “la migració no és un concepte, són persones humanes amb les
seves peculiaritats, les seves cultures i necessitats que han esdevingut
veïns i veïnes que cal estimar” i, finalment, recorda les paraules de
Jesús: “Era foraster i em vàreu acollir”.
I Mons. Xavier Novell, bisbe de Solsona, acaba la
presentació dels criteris pastorals per a l’acollida i acompanyament de
les persones divorciades en nova unió civil. Si la setmana passada
parlava de l’accés als sagraments, ara fa el següent contrapunt: “Cal
evitar entendre aquesta possibilitat com un accés sense restriccions als
sagraments”, recomana que es faci la deguda pedagogia sobre els
criteris pastorals presentats i demana a tots els fidels “un esforç per
comprendre i acollir amb alegria els germans que, degudament
acompanyats, van trobant el camí per a una participació més “perfecta”
en la vida eclesial”.
Poden trobar les glosses senceres al web de la Conferència Episcopal Tarraconense (http://www.tarraconense.cat/) i a la pàgina web de cada diòcesi:
Sant Feliu de Llobregat: http://www.bisbatsantfeliu.cat/bisbe.php?id=1
Amb els immigrants que venen...
LOS INMIGRANTES QUE VIENEN
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@
BILBAO (VIZCAYA).
ECLESALIA, 12/01/18.- Los
inmigrantes se han convertido en tema de conversación y pasto de
comentarios y sensaciones mayoritariamente negativas; del corazón y sus
miedos habla la boca. Cada vez vienen en mayor número, a pesar de que el
gobierno español no llega ni de lejos a la cuota de acogida que le ha
fijado la UE. Y los católicos no somos ajenos a muchas
descalificaciones.
Es
fácil captar una actitud generalizada de miedo ante la llegada de los
inmigrantes: turismo médico, delincuencia, menores oportunidades de
trabajo para nuestros hijos, falta de integración social, costes
suplementarios en ayudas básicas... y miedo también a la colonización islamista.
Rechazo al diferente, en suma, por lo que pueda perjudicarme, sin
pensar en mayores consideraciones. Pero la realidad no es tan simple ni
tan negativa porque tiene su lado luminoso.
Trabajo.
La mayoría viene a trabajar, con ganas de aportar a la sociedad lo que
en sus países no les deja la miseria o las injusticias estructurales. Los
inmigrantes suelen coger los trabajos que no queremos el resto. Si se
comparan las estadísticas del tipo de ocupación, es evidente que en el
reparto de empleos entre los trabajadores autóctonos y extranjeros, los
inmigrantes copan las tareas no cualificadas.
Legalidad.
Los que huyen de las guerras deberían tener estatus de refugiado según
la Carta de Naciones Unidas que obliga a los Estados a acogerlos. La
Unión Europea comete una injusticia además de una ilegalidad flagrante.
No pueden ser tratados como apestados, como ocurre en las vallas de
Ceuta y Melilla y a espaldas de todos en pleno mar Mediterráneo.
Pero aparte de que no se cumple la ley con los exiliados, (qué
vergüenza el “centro de acogida” de Archidona), basta reflexionar sobre
la cantidad de organizaciones solidarias que existen para atender sus
necesidades más primarias, para entender que el colectivo se caracteriza
porque sus miembros necesitan urgentemente un contexto humanitario
básico como seres humanos que son.
Ayudas públicas.
Las ayudas instauradas en Euskadi las disfrutan foráneos y autóctonos. Y
el fraude en las prestaciones, es mayor en los de casa (Seguridad
Social, IVA, IRPF, autónomos...). Un ejemplo más: a finales
de 2015, los extranjeros empadronados en Euskadi aportaban más ingresos
a las arcas públicas vascas que el gasto que suponen para el sistema de
bienestar social: 631 frente a 593. Y sin la llegada de los
inmigrantes, hubiésemos perdido 50.000 habitantes en los últimos años.
Delitos violentos. Es una realidad que no es exclusiva de los foráneos: un
informe realizado por la Fundación Aspacia alerta de los obstáculos a
los que las mujeres en situación irregular se enfrentan a la hora de
denunciar una agresión sexual, como son el miedo a ser expulsadas y la
desatención sanitaria. Mujeres sin tarjeta sanitaria que no tienen nada y
que son presa fácil para las mafias. Hay estudios que demuestran que no
hay una correlación causal entre migración y criminalidad. Como ha
denunciado la Cruz Roja, en algunos conjuntos de datos sobre
criminalidad se mezclan delitos con simples faltas administrativas como
carecer de documentación o entrada al país de manera irregular.
Tratamiento informativo. Cualquier noticia negativa de este colectivo, tiene una repercusión exponencialmente peor que la de uno de los nuestros.
Problema político.
Algunos opinan que se les dé ayuda en sus países de origen y así no
tendrían que emigrar. No es precisamente lo que hemos hecho los
refinados europeos con el colonialismo, ni seguimos haciendo al
disminuirles la ayuda a la cooperación internacional cuando más la
necesitan. Fuimos a sus países a robarles de mala manera sus recursos
naturales y ahora que el mundo está como está, con tantos millones de
desplazados huyendo de la miseria y la guerra, se encuentran con las
puertas del bienestar cerradas o con muchas dificultades para
traspasarlas. Lo peor es que el problema alcanza unas magnitudes
colosales.
No
son pocos los que quisieran volver a sus países en el momento en que la
situación que motivó su salida desapareciese. No vienen por gusto. Si
han dejado todo -su casa, su familia-, y ponen en riesgo su vida y la de
sus hijos, lo hacen porque el resto de opciones han estrepitosamente.
Qué son las 600.000 peticiones de asilo en Europa si se comparan con los 60
millones desplazados internos en Asia y África. El caso de Líbano es
tremendo: 1.200.000 refugiados a los que añadir medio millón de
palestinos, en una población que tiene unos cuatro millones de
habitantes. Es como si a España llegasen 12 millones de refugiados.
Efecto llamada.
Lo de justificar el endurecimiento de normas y fronteras para evitar el
"efecto llamada", se desmonta recordando que a las personas
desesperadas no les las puede parar ni con vallas, ni con riesgo mortal
para sus vidas, ni con la militarización de las fronteras. Lo curioso es
que el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, dijo
que la llegada de tres millones de inmigrantes no sería un caos para la
UE; por el contrario, es un factor que elevaría el PIB de la economía
europea.
Europa perderá su identidad y su cultura cristiana. Muchos
piensan como el ultraderechista húngaro Viktor Orbán, cuando alerta de
que podemos ser minoría en nuestro propio continente ante el riesgo de
llegada masiva de refugiados musulmanes. La decadencia no nos deja ver
que los pretendidos valores están desvalorizados hace tiempo, la ética
expulsada de las aulas y la religión cristiana puesta en cuestión sine
die, además del poco ejemplo de quienes nos decimos creyentes. Lo
fundamental es preservar los valores de tolerancia, de respeto por la
diversidad, de solidaridad, que es lo que nos va a propiciar las
actitudes necesarias ante los retos a los que nos tendremos que
enfrentar pronto. Discursos intolerantes como los de Orbán son la mejor
propaganda para que grupos radicales capten a más gente.
Saturan la sanidad pública, que no la financian. Como
explica Amnistía Internacional, el impacto fiscal de la inmigración en
España, arroja un resultado positivo que representa medio punto del PIB,
es decir, más de 5.000 millones de euros. En otras palabras, las
personas migrantes obtienen menos de lo que aportan, y disfrutan de
menos beneficios sociales que los autóctonos. En cuanto a la
financiación, desde 1999 la Sanidad se paga a través de impuestos
indirectos, como el IVA o el IRPF, y no mediante las cotizaciones a la
Seguridad Social. Por lo tanto, los migrantes que consumen y pagan este
tipo de impuestos, contribuyen a financiar los servicios sanitarios.
Acabo
con una realidad que no puede soslayarse: no nos olvidemos que el
exilio sigue siendo exilio aun estando en la ciudad más bonita del
mundo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus
artículos, indicando su procedencia).
Per una economia més humana
REALITAT ECONÒMICA I DESENVOLUPAMENT HUMÀ INTEGRAL. PROPOSTES PER A UNA ECONOMIA MÉS HUMANA
Dimarts 16 de gener, a les 19 h
A càrrec de:
Guillem López Casasnovas, catedràtic d’Economia de la UPF
Joan Majó, enginyer industrial i exministre d’Indústria
Alfredo Pastor, professor emèrit del Departament d’Economia de l’IESE
Moderarà: Joan Rigol, expresident del Parlament de Catalunya
Presidirà: Mons. Joan Josep Omella, cardenal arquebisbe de Barcelona
La darrera crisi econòmica ha mostrat la insuficiència d’una economia
que tingui com a motor bàsic l’ànim de lucre i com a únic horitzó el
mer creixement material infinit, orientat a satisfer tots els desitjos
de les poblacions riques.
Aquesta taula rodona s’inclou dins de les activitats del seminari
“Realitat econòmica i desenvolupament humà integral” que ha estat
organitzat per la Fundació Joan Maragall, Justícia i Pau i el Centre
Cristianisme i Justícia.
També forma part del cicle “Ciutats+Humanes“, una activitat organitzada per cinc entitats catalanes i que vol debatre sobre les fronteres de la convivència a les ciutats.
Subscriure's a:
Missatges (Atom)





