dimarts, 8 de novembre de 2011

Testimoni d'un accionista

Preguem en temps d'eleccions


PLEGARIA ELECTORAL
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 07/11/11.- Alentado por la recomendación de San Pablo a su discípulo Timoteo (1ª 2,1-2), me animo a invitar a los cristianos que me lo acepten, a orar unidos todos en espíritu, constantemente y en todo lugar, por el resultado más venturoso de las próximas elecciones:
 “Padre nuestro de los cielos: Confiados en la inmensidad de tu amor, te rogamos avives en todos nosotros el sentido de responsabilidad ante las inminentes elecciones, de suerte que participemos activamente en ellas con nuestro voto. A fin de que la designación de los que han de velar por nuestro bien común temporal, procurarlo y mejorarlo, no sea sólo acto de una parte de nuestra comunidad, que quede lejos de una mayoría sustantiva. Que el tratamiento de lo común no dependa de minorías y no haya luego lugar a tensiones y desavenencias perniciosas y desestabilizadoras.
 “Te rogamos también, que azuces nuestro propio deseo de paz y concordia entre todos, y el de bienestar y prosperidad para todos. Hasta despojarnos de fanatismos y partidismos políticos, criadero de individualismos, sectarismos y revanchismos. Ayúdanos, Tú, a descubrir a los más capacitados y sinceramente preocupados de la elevación de nuestras condiciones de vida en este mundo. Para beneficio tanto colectivo como individual, tanto interno como en proyección exterior hacia poblaciones y gentes menos favorecidas que nosotros. Aliéntanos a ser consecuentes con ello y a otorgarles a ésos nuestro voto, sean del signo que fueren.
“Concédenos a todos descubrir a tiempo, y dejar de lado, a los que sólo buscan una posición preeminente para aprovecharse de ella en beneficio propio, en vez del común. Y a los que hipócritamente se preocupan de éste, sólo en la medida en que lo aprecian peaje ineludible de sus intereses personales. Y a los mesiánicos, que cifran el bien común en sus propias convicciones, sean éstas políticas, éticas o religiosas, y tratan de inculturizarnos en ellas a los demás, valiéndose encima del aparato del Estado, en vez de limitarse al simple proselitismo legítimo.
“Concédenos también, Padre, tino para no elegir a mercaderes de votos; ni a obsesos por la reglamentación hasta de cuestiones ajenas al bien común. Otórganos la sensatez de no ponernos nosotros mismos en riesgo de ver limitada nuestra dignidad humana y nuestra autonomía de decisión personal; las que Tú nos concediste por encima de todos los demás vivientes de la tierra, sin más limitación ética que la de no perjudicar a otros.
“Y líbranos de pucherazos ocultos, incluido el sutil de un recuento de votos electrónicamente viciado. A fin de que podamos aceptar en paz y sosiego la auténtica voluntad de la mayoría real y «podamos vivir una vida tranquila y apacible en plenitud de tolerancia y dignidad».
“Todo te lo pedimos, Padre, no en virtud de unos méritos de los que, como siervos inútiles y sin provecho que somos, carecemos por completo ante Ti. Te lo pedimos en profesión de fe en tu Unigénito Jesús. El nos prometió que obtendríamos de Ti, sin necesidad siquiera de que Él mismo intercediera por nosotros, sino simplemente porque Tú mismo nos amas, cualquier cosa que te pidiéramos en adhesión a Él. A Ti y a Él, autores únicos de salvación eficaz, la alabanza, el honor, la gloria y la acción de gracias, por los siglos de los siglos. Amén”.