dilluns, 18 de maig de 2020

Una trobada de l'Acció Catòlica amb molta fe


Per pensar en clau de post-Covid 19

Leonardo Boff: "¿Qué cosmología y qué ética incorporar en el post ...

Post-Covid 19: ¿qué cosmología y qué ética incorporar?

2020-05-15


  El ataque sistémico que la naturaleza está realizando contra la humanidad con un virus diminuto e invisible está causando una grave preocupación y llevando a muchos miles de personas a la muerte. Sin embargo, nuestra reacción a la pandemia es también fundamental. ¿Qué lección nos enseña? ¿Qué visión de mundo y qué tipo de valores nos lleva a desarrollar? Seguramente deberemos aprender todo lo que deberíamos haber aprendido y no aprendimos. Deberíamos haber aprendido que somos parte de la naturaleza y no sus “señores y dueños” (Descartes). Hay una conexión umbilical entre el ser humano y la naturaleza. Venimos del mismo polvo cósmico como todos los demás seres y somos el eslabón consciente de la cadena de la vida.

Erosión de la imagen del “pequeño dios en la tierra”

El mito moderno de que somos “el pequeño dios” en la Tierra y que podemos disponer de ella a nuestro antojo porque es inerte y sin propósito, ha sido destruido. Uno de los padres del método científico moderno, Francis Bacon, dijo que deberíamos tratar a la naturaleza como los esbirros de la inquisición trataban a sus víctimas, torturándolas hasta que entreguen todos sus secretos.
A través de la tecnociencia hemos llevado este método al extremo, llegando al corazón de la materia y la vida. Esto se ha llevado a cabo con un furor sin precedentes hasta el punto de haber destruido la sostenibilidad de la naturaleza y por lo tanto del planeta y de la vida. De esta manera hemos roto el pacto natural que tenemos con la Tierra viva: ella nos da todo lo que necesitamos para vivir y en contrapartida debemos cuidarla, preservar sus bienes y servicios y darle descanso para restaurar todo lo que tomamos de ella para nuestra vida y progreso. No hemos hecho nada de eso.
Por no haber observado el precepto bíblico de “proteger y cuidar el Jardín del Edén (de la Tierra: Gn 2,15)” y por amenazar las bases ecológicas que sostienen toda la vida, ella nos ha contraatacado con un arma poderosa, el coronavirus, que causa la Covid-19. Para enfrentarlo, hemos vuelto al método de la Edad Media, que superó sus pandemias a través del estricto aislamiento social. Para que el pueblo, asustado, saliera a la calle, en el ayuntamiento de Múnich (Marienplatz) se construyó un ingenioso reloj con bailarines y cucos para que todos acudieran a apreciarlo, lo que se viene haciendo hasta hoy.
La pandemia, que más que una crisis es la exigencia de un cambio en la visión del mundo y de la incorporación de nuevos valores, nos plantea esta pregunta: ¿realmente queremos evitar que la naturaleza nos envíe virus aún más letales, que puedan diezmar incluso la especie humana? Ésta sería una de las diez que desaparecen definitivamente cada día. ¿Queremos correr ese riesgo?

Inconsciencia generalizada del factor ecológico

Ya en 1962, la bióloga y escritora estadounidense Rachel Carson, autora de Primavera Silenciosa, advirtió: “Es poco probable que las generaciones futuras toleren nuestra falta de preocupación prudente por la integridad del mundo natural que sustenta toda la vida... La pregunta es si alguna civilización puede continuar una guerra sin tregua contra la vida sin destruirse a sí misma y sin perder el derecho a ser llamada civilización”.
Parece que fue una profecía de la situación que estamos viviendo a nivel planetario. Tenemos la impresión de que la mayoría de la humanidad e incluso los líderes políticos no demuestran una conciencia suficiente de los peligros que enfrentamos con el calentamiento global, con la excesiva proximidad de nuestras ciudades y especialmente del agronegocio masivo a la naturaleza virgen y a los bosques que están deforestando. De esta manera destruimos los hábitats de millones de virus y bacterias que terminan siendo transferidos a los seres humanos. Según científicos serios, el coronavirus no habría venido a través de un murciélago del mercado de China, sino simplemente de la natureza.
El coronavirus nos obligará a reinventarnos como humanidad y a remodelar de forma sostenible e inclusiva la única Casa Común que tenemos. Si prevaleciera lo que dominaba antes, exacerbado hasta el extremo, entonces podemos prepararnos para lo peor. Sin embargo, cabe recordar que el sistema-vida ha pasado por varias extinciones importantes (estamos dentro de la sexta) pero siempre ha sobrevivido.
La vida parecería –me permito una metáfora singular–, una “plaga” que nadie hasta hoy ha logrado exterminar. Porque es una “plaga” bendita, ligada al misterio de la cosmogénesis y a aquella Energía de Fondo, misteriosa y amorosa que preside todos los procesos cósmicos y también los nuestros.
Es imperativo que abandonemos el viejo paradigma de la voluntad de poder y dominación sobre todo (el puño cerrado), hacia un paradigma de cuidado de todo lo que existe y vive (la mano extendida), y de la corresponsabilidad colectiva.
En el último párrafo de su libro La era de los extremos (1995) escribió Eric Hobsbawn: Una cosa está clara. Si la humanidad quiere tener un futuro reconocible, no puede ser prolongando el pasado o el presente. Si tratamos de construir el tercer milenio sobre esta base, fracasaremos. El precio del fracaso, es decir, la alternativa al cambio de la sociedad es la oscuridad (p. 506).
Esto significa que no podemos simplemente volver a la situación anterior al coronavirus, ni siquiera podemos pensar en un regreso al pasado pre-iluminista, como quiere el actual gobierno brasileño y otros de extrema derecha.

Post-Covid 19: ¿una 'nueva' normalidad, o la radicalización de lo anterior? (II)

2020-05-17


  Hay muchos analistas que predicen que la post-pandemia podría significar una radicalización extrema de la situación anterior, un retorno al sistema de capital y al neoliberalismo, buscando dominar el mundo con el uso de la vigilancia digital (big data) sobre cada persona del planeta, algo que ya está en marcha en China y en Estados Unidos. Ahí entraríamos en la era de las tinieblas, con el riesgo, sugerido por Raquel Carson, de nuestra autodestrucción. De ahí la exigencia de una conversión ecológica radical, cuya centralidad debe ser ocupada por la Tierra, por la Vida y por la civilización humana: una Biocivilización.
No debemos sin embargo subestimar la fuerza de la violencia sistémica. Sigmund Freud, al contestar una carta de Albert Einstein de 1932 en la que le preguntaba si era posible superar la violencia y la guerra, dejaba una aporía. Respondió, considerando que no podía decir qué instinto podría prevalecer: si el instinto de muerte (thánatos) o el instinto de vida (eros). Están siempre en tensión y no podemos estar seguros de cuál triunfará al final. Terminaba resignado: “Hambrientos, pensamos en el molino que muele, tan lentamente, que podemos morir de hambre antes de recibir la harina”.
Hay una opinión nada optimista de uno de los más grandes intelectuales estadounidenses, crítico severo del sistema imperialista, Noam Chomsky, que dice: «El coronavirus es suficientemente grave, pero vale la pena recordar que se está acercando algo mucho más terrible; estamos corriendo hacia el desastre, hacia algo mucho peor que cualquier otra cosa que haya sucedido en la historia humana, y Trump y sus lacayos están al frente de esto, en la carrera hacia el abismo. Hay dos amenazas inmensas que estamos encarando. Una es la creciente amenaza de la guerra nuclear, exacerbada por la tensión de los regímenes militares, y la otra, por supuesto, es el calentamiento global. Las dos pueden resolverse, pero no hay mucho tiempo. El coronavirus es terrible, y puede tener terribles consecuencias, pero será superado, mientras que las otras amenazas no lo serán. Si no resolvemos esto, estaremos condenados».
Chomsky ha afirmado que el presidente Trump está lo suficientemente demente como para desatar una guerra nuclear, sin importarle lo que le pueda pasar a toda la humanidad.
No obstante esta visión dramática del prestigioso lingüista y pensador, nuestra esperanza es que si la humanidad corriera un grave peligro de destruirse realmente, prevalecerá el instinto de vida. Pero a condición de que hayamos construido una forma diferente de habitar la Casa Común, sobre otras bases que no sean ni las del pasado ni las del presente.

Algunas buenas lecciones de la pandemia de Covid-19
De todos modos, el coronavirus nos ha mostrado que no somos “pequeños dioses” que pretenden poder todo; que somos frágiles y limitados; que la acumulación de bienes materiales no salva la vida; que la globalización financiera sola, en el molde competitivo del capitalismo, impide crear, como proponen los chinos, “una comunidad de destino común para toda la humanidad”; que tenemos que crear un centro global y plural para gestionar los problemas mundiales; que la cooperación y la solidaridad de todos con todos y no el individualismo, son los valores centrales de una geo-sociedad.
Que se deben reconocer y respetar los límites del sistema-Tierra, que no tolera un proyecto de crecimiento ilimitado. Que debemos cuidar la naturaleza como nos cuidamos a nosotros mismos, porque somos parte de ella y nos proporciona todos los bienes y servicios necesarios para la vida. Que debemos buscar una economía “circular”, que cumpla las famosas tres “erres” : reducir, reutilizar y reciclar todo lo que ha entrado en el proceso de producción.
Que la economía ha de ser de subsistencia digna y universal, y no de acumulación de algunos a expensas de todos los demás y de la naturaleza; que este tipo de economía de subsistencia disminuye las necesidades para dar lugar a la sobriedad y reducir así en gran medida las desigualdades sociales; que el nuevo orden económico no habría de regirse por las ganancias, sino por la racionalidad económica con un sentido social y ecológico.
Que sería altamente racional y humanitario crear una renta mínima universal. Que la atención médica es un derecho humano universal (One World-One Health) que no podemos desatander. Que es importante garantizar un Estado que regule el mercado, que promueva el desarrollo necesario, y esté equipado para satisfacer las demandas colectivas, ya sean de salud o desastres naturales.
Que debemos incentivar el capital humano-espiritual, siempre ilimitado, basado en el amor, la solidaridad, la búsqueda de la justa medida, la fraternidad, la compasión, el sentir el encanto del mundo, y en la búsqueda incansable de la paz.

Un mapa para rescatar la vida: la Carta de la Tierra
Estas son, entre otras, algunas de las lecciones que podemos sacar del coronavirus. Citando la Carta de la Tierra (UNESCO), uno de los documentos oficiales más inspiradores para la transformación de nuestra forma de estar en el planeta Tierra, «se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida... Nuestros desafíos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interconectados y juntos podemos forjar soluciones inclusivas» (Preámbulo c).

¿Qué visión del mundo y qué valores incluir?
Saber, y tener conocimiento de los datos de la realidad, no es todavía hacer. ¿Qué nos impulsa a actuar? ¿Qué visión del mundo y qué valores deberíamos incluir? Nos orienta un texto importante de la parte final de la Carta de la Tierra, en cuya redacción también participé.
Como nunca antes en la historia, el destino común nos llama a buscar un nuevo comienzo. Esto requiere un cambio de mentalidad y de corazón. Exige un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal. Debemos desarrollar y aplicar con imaginación la visión de un modo de vida sostenible a nivel local, nacional, regional y mundial (El camino por delante).
Observemos que no se trata sólo de mejorar el camino andado. Este nos llevará a las crisis cíclicas que ya conocemos, y eventualmente al desastre. Se trata de “buscar un nuevo comienzo”. Se nos reta a reconstruir la “Tierra, nuestro hogar, que está viva, como una Comunidad de Vida única” (CT, Preámbulo a). Sería engañoso cubrir las heridas de la Tierra con venditas, pensando que podemos curarla. Tenemos que revitalizarla y rehacerla para que sea la Casa Común.
“Esto requiere un cambio de mente”. Cambio de mente significa nueva mirada sobre la Tierra, tal como la nueva cosmología y biología la presentan. La Tierra es un momento del proceso evolutivo que tiene ya 13.700 millones de años, y la Tierra 4.300 millones de años. Después del big bang, todos los elementos físico-químicos se forjaron durante más de tres mil millones de años en el corazón de las grandes estrellas rojas. Al explotar, lanzaron en todas las direcciones estos elementos que formaron la galaxia, las estrellas como el Sol, los planetas y la Tierra.
Está viva, con una vida que irrumpió hace 3.800 millones de año. Un superorganismo sistémico que se autoorganiza y se autocrea continuamente. En un momento avanzado de su complejidad, hace unos 8-10 millones de años, una parte de ella comenzó a sentir, pensar, amar y adorar. Surgió el ser humano, hombre y mujer. Es la Tierra misma, consciente e inteligente ahora, por eso se llama homo, hecho de humus.
Esta cosmovisión cambia nuestra concepción de la Tierra. La ONU, el 22 de abril de 2009, la reconoció oficialmente como la Madre Tierra porque genera y nos da todo. Por eso la Carta de la Tierra dice: “Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad y cuidar de la comunidad de la vida con comprensión, compasión y amor" (CT 1 y 2). La Tierra como suelo la podemos comprar y vender. A la Madre, sin embargo, no la compramos ni vendemos; la amamos y la veneramos. Tales actitudes deben ser transferidas a la Tierra, nuestra Madre. Esta es la nueva mente que tenemos que hacer nuestra.
“Requiere un cambio de corazón”. El corazón es la dimensión del sentimiento profundo, de la sensibilidad, el amor, la compasión y los valores que guían nuestra vida. Especialmente en el corazón se encuentra el cuidado, que es una forma amistosa y afectuosa de relacionarse con la naturaleza y sus seres. Tiene que ver con la razón sensible o cordial, con el cerebro límbico, que surgió hace 220 millones de años cuando los mamíferos irrumpieron en la evolución. Todos ellos, como el ser humano, tienen sentimientos, amor y cuidado a sus crías. Eso es el pathos, la capacidad de afectar y ser afectado, la dimensión más profunda del ser humano.
La razón (el logos), la mente a la cual nos hemos referido anteriormente, apareció hace sólo 8-10 millones de años con el cerebro neocortical y en la forma avanzada como homo sapiens (el hombre actual) hace unos cien mil años. Éste, en la modernidad, se ha expandido exponencialmente, dominando nuestras sociedades y creando la tecnociencia, los grandes instrumentos de dominación y transformación de la faz de la Tierra, creando inclusive una máquina de muerte, con armas nucleares, y otras, que pueden acabar con la vida humana y la de la naturaleza.
La inflación de la razón, el racionalismo, ha creado una especie de lobotomía: el ser humano tiene dificultad para sentir al otro y su sufrimiento. Necesitamos completar la inteligencia racional, necesaria para resolver las necesidades de supervivencia de nuestra vida, pero hay que completarla con inteligencia emocional y sensible para que seamos más completos y asumamos con pasión la defensa de la Tierra y de la Vida.
Necesitamos el corazón, para que nos lleve a escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito del pobre, y a forjar, como dice el Primer Ministro chino Xi Jinping: “una sociedad moderadamente abastecida”, o como decimos nosotros: una sociedad con un consumo sobrio, frugal y solidario.


dimarts, 12 de maig de 2020

Programa radiofònic obrer "Llevat dins la pasta"

RECORDATORI D'INTERÈS
Programa "Llevat dins la pasta"

Canal: Ràdio Estel
Dia d'emissió: Divendres i dissabtes
Horari: de 17.30h a 18h i de 13h a 13.30h
Tipus de programa: Religiòs

Descripció: Un espai per explicar la realitat, les experiències i les vivències a l’entorn de la Pastoral Obrera i el món del treball. En el programa, ideat i impulsat pel Secretariat interdiocesà de Pastoral Obrera de Catalunya, també hi haurà seccions específiques com ara recursos i activitats per ampliar informació sobre els temes abordats o la lectura d’enunciats de la Doctrina Social de l’Església.

Volem que en aquest programa ressonin experiències vitals amb les quals ens podem identificar. I donar veu a realitats de treball, socials, polítiques... De la vida en comú, per tal que ens interpel·lin i ens ajudin a obrir l'oïda i ampliar la mirada. I que ens estimulin en la nostra missió i acció de transformar el món amb aquest estil del ferment evangèlic: el del llevat dins la pasta.

Direcció: Pastoral Obrera de Catalunya
Redacció: Rafi Cáceres, Emili Ferrando, Maria Guarch, Joan Andreu Parra
Presentació: Àngela Rodríguez / Joan Andreu Parra



Programes emesos
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dijous, 7 de maig de 2020

Papers per a tothom també enmig d'una pandèmia


UNA CAMPANYA PERQUÈ NINGÚ NO ES QUEDI ENRERA

#REGULARIZACIONYA

Estimats i estimades,
En primer lloc, una abraçada enorme a totes les persones que ho estan passant malament aquests dies.
Des de Volem acollir us escrivim per explicar-vos que la pandèmia del coronavirus ha posat sobre la taula la necessitat de reivindicar el lema que ens va unir el febrer del 2017 en la manifestació més gran del món a favor de l’acollida de persones refugiades i migrants.
Com sabeu, els efectes del confinament per la pandèmia del coronavirus ens han obert la possibilitat d’empatitzar amb situacions que fins ara veiem molt llunyanes: no poder treballar, el futur inestable, sortir al carrer amb por a ser identificat, no poder anar a l’escola o patir per si el sistema sanitari t’atendrà. Aquesta és la situació permanent de milers de persones migrants sense papers.
No tenir papers implica no tenir drets, convertint la pobresa i la marginalitat crònica
en la única alternativa de vida legalment possible.
A casa nostra, moltes persones estan o han estat en aquesta situació irregular. Moltes d’elles, a més, realitzen feines essencials per la supervivència de tota la població: serveis sanitaris, professorat, treballadors de botigues d’alimentació, transportistes, pagesia, cuidadors de persones grans o dependents, etc.
Són veïns i veïnes que ja viuen als nostres pobles i ciutats i que pel fet de no tenir papers no podran afrontar la crisi social i econòmica que vindrà en igualtat de condicions. Per això, avui, Volem acollir és un lema més necessari que mai i implica la regularització de totes les persones que actualment es troben en situació irregular per garantir que poden desenvolupar el seu potencial en igualtat de condicions, drets i deures.
Perquè ningú no es quedi enrere, papers per a tothom!






dimecres, 6 de maig de 2020

Un comunicat per una nova Europa

Movimiento de Trabajadores Cristianos rechazan la criminalización ...

Comunicat del Moviment de Treballadors Cristians d'Europa (MTCE), amb motiu del Dia d'Europa

9 de maig de 2020

Rèquiem per una Europa que ha de morir, oda a una esperada Europa 

1. En aquests dies de Covid-19 estem veient com la societat i les classes populars i treballadores s'estan organitzant en xarxes de solidaritat i de suport mutu. Estem veient el renaixement de l'acció comunitària i una atenció per les persones més desprotegides. Estem veient com es reconeix cada dia el treball agosarat de la comunitat sanitària, la centralitat de les treballadores de la llar i de les treballadores que cuiden dels malalts i els dependents, l'heroisme de tantes i tants sants quotidians, com agrada anomenar-los al papa Francesc, malgrat totes les dificultats i malgrat que el virus de l'individualisme el tenim inoculat des de sempre, i més encara per part d'aquest capitalisme depredador i fratricida que ens ha portat a la vora del precipici. 

2. Per això, si aquest teixit humà s'està refent des d’allò més petit, amb moltes gotes d'amor, humilitat i generositat, aspirem a veure aquestes dinàmiques en les instàncies que ens governen i també en les empreses on treballem. Així, ens dol veure com a Europa i en les institucions comunitàries els governs dels Estats membres reprodueixen en interès propi unes dinàmiques que ja es van donar, sense anar més lluny, en la crisi financera del 2008, i que s’han de superar en aquest moment tan greu. 

3. L'Organització Internacional del Treball ens alerta de l'arribada d'una onada de desocupació en el món i a Europa en particular (un mínim de 12-15 milions de llocs de feina perduts) com no s'havia donat des de fa dècades. Veníem, a més, d'una situació de feblesa amb Estats del benestar infradotats en la seva acció social i en els serveis públics (per l'efecte de les polítiques d'austeritat) i un mercat laboral fortament precaritzat. És moment de fer política pel bé comú i per a això, com indica el papa Francesc, convé aplicar mesures que superin el paradigma tecnocràtic dominant acostumat. 

4. Els Estats han de garantir la màxima ocupació en condicions dignes i, per a aquells que no pugui aconseguir una ocupació, proporcionar rendes vitals suficients, com ja està demanant el Papa. També és moment de demandar als grans actors del sector privat empresarial —que en la història recent s'ha beneficiat de rescat públic, com, per exemple, el sector bancari— un compromís econòmic i ètic i una distribució més equitativa de l'excedent que creïn en aquesta reconstrucció. 

5. Els nostres governants i els qui els elegim hem d'aprendre del que ha passat: cal enfortir els sistemes públics de salut i de protecció social, s’han d'aplicar polítiques de regulació per a protegir als treballadors, cal reconstruir un teixit productiu i industrial de proximitat que proporcioni condicions laborals dignes, que minimitzi el perjudici al medi ambient i en el qual la ciutadania pagui un preu just pels productes èticament elaborats. 

6. Ningú no dubta que, en funció de com Europa afronti la reconstrucció econòmica i social després de la pandèmia, la seva existència tindrà sentit (perquè compleix una funció) o bé s'ensorrarà. Seran necessàries polítiques de finançament comú, preferentment mutualitzada, per a sostenir la despesa pública que es generarà. Aquest és també el moment de la solidaritat, la cooperació mútua i l'acció conjunta i consensuada. La crisi sanitària ha posat en evidència la nostra interdependència i el fet que països anomenats rics visquem una experiència de pobresa i malaltia que ens acosta als països més empobrits, amb la qual cosa s'obre una oportunitat d’escoltar més clarament la crida a canviar personalment i col·lectivament. És moment d'allunyar per sempre d'Europa el populisme, el blindatge de les fronteres, la fabricació i tràfic d'armes, la marginació del diferent i el rebuig de l'immigrant. És moment de deixar de ser creditors de països pobres que han pagat àmpliament el seu deute. 

7. El temps de Pasqua ens dona l'ocasió de convertir-nos i de construir entre tots, i dialogant, un model productiu socialment més inclusiu, baix en carboni i ambientalment més sostenible, en línia amb les mesures que contempla l'Acord Verd Europeu. «Ara més que mai, són les persones, les comunitats, els pobles, els que han d'estar en el centre, units per a curar, cuidar, compartir» (de la carta que el papa Francesc va dirigir als moviments populars el passat diumenge de Resurrecció). 

8. Per tot això anteriorment expressat, el MTCE es reafirma en les seves opcions cristianes viscudes en el si del món obrer i en la seva aposta a favor de les classes populars i treballadores. El MTCE vol posar tot el seu esforç perquè Europa, la nostra Europa, sigui fidel a si mateixa i vulgui que tots els seus fills visquin amb plenitud la seva condició humana i la seva dignitat de filles i fills de Déu. Una Europa amb el cor obert a tots els vents de la justícia, un cor misericordiós per a protegir als seus fills més febles i per a acollir als pobres que truquen a les nostres portes.


Comunicado del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE), con motivo del Día de Europa

9 de mayo 2020 

Réquiem por una Europa que debe morir, oda a una esperada Europa 

1. En estos días de Covid-19 estamos viendo cómo la sociedad y las clases populares y trabajadoras se están organizando en redes de solidaridad y de apoyo mutuo. Estamos viendo el renacimiento de la acción comunitaria y una atención por las personas más desprotegidas. Estamos viendo cómo se reconoce cada día el trabajo denodado de la comunidad sanitaria, la centralidad de las trabajadoras del hogar y de las trabajadoras que cuidan de los enfermos y los dependientes, el heroísmo de tantas y tantos santos cotidianos, como gusta llamar al papa Francisco, pese a todas las dificultades y pese a que el virus del individualismo lo tenemos inoculado desde siempre, y más aún por parte de este capitalismo depredador y fratricida que nos ha llevado al borde del precipicio. 

2. Por ello, si este tejido humano se está rehaciendo desde lo pequeño, con muchas gotas de amor, humildad y generosidad, aspiramos a ver estas dinámicas en las instancias que nos gobiernan y también en las empresas donde trabajamos. Así, nos duele ver cómo en Europa y en las instituciones comunitarias los gobiernos de los Estados miembros reproducen en interés propio unas dinámicas que ya se dieron, sin ir más lejos, en la crisis financiera del 2008, y que deben superarse en este momento tan grave. 

3. La Organización Internacional del Trabajo nos alerta de la llegada de una oleada de desempleo en el mundo y en Europa en particular (un mínimo de 12-15 millones de trabajos perdidos) como no se había dado desde hace décadas. Veníamos, además, de una situación de debilidad con Estados del bienestar infradotados en su acción social y en los servicios públicos (por el efecto de las políticas de austeridad) y un mercado laboral fuertemente precarizado. Es momento de hacer política por el bien común y para ello, como indica el papa Francisco, conviene aplicar medidas que superen el paradigma tecnocrático dominante acostumbrado. 

4. Los Estados deben garantizar la máxima ocupación en condiciones dignas y, para aquellos que no pueda conseguirse un empleo, proporcionar rentas vitales suficientes, como ya está pidiendo el Papa. También es momento de demandar a los grandes actores del sector privado empresarial -que en la historia reciente se ha beneficiado de rescate público, como, por ejemplo, el sector bancario- un compromiso económico y ético y una distribución más equitativa del excedente que crean en esta reconstrucción. 

5. Nuestros gobernantes y quienes los elegimos debemos aprender de lo ocurrido: hay que fortalecer los sistemas públicos de salud y de protección social, deben aplicarse políticas de regulación para proteger a los trabajadores, hay que reconstruir un tejido productivo e industrial de proximidad que proporcione condiciones laborales dignas, que minimice el perjuicio al medio ambiente y en el que la ciudadanía pague un precio justo por estos productos éticamente elaborados. 

6. Nadie duda que, en función de cómo Europa afronte la reconstrucción económica y social después de la pandemia, su existencia tendrá sentido (porque cumple una función) o bien se vendrá abajo. Serán necesarias políticas de financiación común, preferentemente mutualizada, para sostener el gasto público que se generará. Este es también el momento de la solidaridad, la cooperación mutua y la acción conjunta y consensuada. La crisis sanitaria ha puesto en evidencia nuestra interdependencia y el hecho de que países llamados ricos vivamos una experiencia de pobreza y enfermedad que nos acerca a los países más empobrecidos, con lo que se abre una oportunidad a escuchar más claramente la llamada a cambiar personalmente y colectivamente. Es momento de alejar para siempre de Europa el populismo, el blindaje de las fronteras, la fabricación y tráfico de armas, la marginación del diferente y el rechazo del inmigrante. Es momento de dejar de ser acreedores de países pobres que han pagado sobradamente su deuda. 

7. El tiempo de Pascua nos da la ocasión de convertirnos y de construir entre todos, y dialogando, un modelo productivo socialmente más inclusivo, bajo en carbono y ambientalmente más sostenible, en línea con las medidas que contempla el Acuerdo Verde Europeo. «Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos los que deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir» (de la carta que el papa Francisco ha dirigido a los movimientos populares el pasado Domingo de Resurrección). 

8. Por todo lo anteriormente expresado, el MTCE se reafirma en sus opciones cristianas vividas en el seno del mundo obrero y en su apuesta a favor de las clases populares y trabajadoras. El MTCE quiere poner todo su esfuerzo para que Europa, nuestra Europa, sea fiel a sí misma y quiera que todos sus hijos vivan con plenitud su condición humana y su dignidad de hijas e hijos de Dios. Una Europa con el corazón abierto a todos los vientos de la justicia, un corazón misericordioso para proteger a sus hijos más débiles y para acoger a los pobres que llaman a nuestras puertas.