dimecres, 16 de març del 2022

Un cura obrero nos ayuda a reflexionar por lo que está pasando con Ucrania: "A lo mejor es porque hay refugiados de primera y de segunda..."

 



El activismo de Luis Pernía se remonta a cuando era fraile y jornalero. Lo desplegó en 1975 desde Tiro de Pichón por la Málaga del aluvión de gentes del campo asomada al cambio. Desde los 90 está con el resto de inmigrantes del mundo.


Refugiados, 

la doble vara de medir


Mientras Interior ultima un mecanismo “rápido y sencillo” para dar papeles a los refugiados de la invasión rusa caía en mis manos una carta de Monseñor Agrelo, arzobispo emérito de Tánger  que me llamó poderosamente la atención por lo que decía:  “Todos hemos visto que Europa abrió sus fronteras; pero que nadie me pida discernir si se trata de una Europa que se despierta solidaria con los necesitados…porque en la misma semana, en los mismos días, en la frontera de Melilla, rechazamos sin piedad a hermanos nuestros que huyen de otras guerras, de otros horrores, de otros sin vivir…”

Y no cabe duda de que es admirable el despliegue de generosidad y compasión con que Europa se ha volcado con los refugiados ucranianos. No sólo la Unión Europea y los diversos organismos gubernamentales, sino también iniciativas municipales, vecinales y particulares. Desde ACNUR, Cruz Roja o Unicef a las numerosas onegés, iglesias y organizaciones de vecino o ciudadanos ucranianos residentes en cada ciudad de España  están haciendo un esfuerzo por el envío de camiones con alimentos, ropa o medicinas a las fronteras de Ucrania con Polonia, Rumanía o Moldavia.

Lo que ya no resulta tan admirable, como indica en un reciente artículo de Público, David Torres, “es la tibieza que la Unión Europea y esos mismos organismos gubernamentales han mostrado con docenas de miles de refugiados de otras guerras y de otros continentes, la tranquilidad con que bostezan ante los repetidos naufragios de las embarcaciones que se atreven a cruzar el Mediterráneo, la pachorra con que plantean indescifrables telarañas burocráticas a los afortunados que logran poner pie en Europa, la indiferencia con que asisten al infierno helado de los campamentos turcos y griegos donde los niños mueren de hambre y frío”.

Debe de ser que Ucrania cae más cerca que Siria, que Sudán, que Congo, que Yemen, que cualquiera de esas guerras terroríficas que asolan África y Oriente Medio desde hace años, algunas desde hace décadas. Debe de ser que no vemos esas guerras por la tele, comentadas a todas horas por los mismos tertulianos que antes estaban hablando de volcanes o pandemias, publicitadas a todas horas mediante imágenes escalofriantes que en ocasiones están tomadas de otros conflictos o incluso de un videojuego, mientras que nunca vemos las ráfagas de ametralladora en las selvas africanas ni los hogares destruidos en Yemen ni los cuerpos golpeados de esos jóvenes africanos que intentan saltar la valla de Melilla.

Debe de ser que los ucranianos se parecen más a nosotros, tienen la piel blanca y no son negros ni musulmanes.  Por eso nos conmueve tantísimo ver estos días a los niños ucranios en la tele. Porque son los inocentes entre los inocentes de una guerra, sí. Pero, sobre todo, porque son como nuestros hijos. Con sus chupetes, sus peluches y sus pantallitas. Tan blancos, tan rubios, tan monísimos con sus plumas de colorines y sus gorritos de pompones, tan formalitos, tan sin sacar los pies del canon. Por eso nos tocan la fibra. Hemos visto, seguimos viendo, a otros niños tan víctimas, tan refugiados, tan inocentes como ellos. Pero son distintos y, tocándonos, no nos tocan tanto. “Somos como vosotros”, nos exhortó e Zelenski, pidiendo ayuda a los padres de la patria europea. Más allá de a la geopolítica, a los intereses comerciales y a los botones nucleares, el presidente ucranio apelaba a esa vena nuestra tan noble y tan perversa de el “nosotros” y “ellos”. Hasta tal punto que el   diablo de esta medida hace que los ucranianos que abandonen el país por la ofensiva rusa tendrán garantizados de forma automática los derechos de vivienda, trabajo, educación o libertad de movimiento en todo territorio europeo dejando fuera a los nacionales de países terceros por las presiones del llamado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, Eslovaquia y Chequia).

Sí, debe de ser cosa de la proximidad étnica y geográfica, aunque si lo pensamos bien, Trípoli está mil kilómetros más cerca de Madrid que Kiev o el mar de Alborán, que baña la provincia de Málaga engulla en su vientre a miles de refugiados ahogados en la últimas décadas o que en los mercados de Libia, hoy mismo, están subastando esclavos.

A lo mejor es porque hay refugiados de primera y de segunda. Nos preguntamos, pues, por qué no se actúa igual con el resto de los refugiados e inmigrantes, provenientes de otros países en conflicto, como, sirios, palestinos, saharauis, yemeníes o subsaharianos. ¿No tienen la misma dignidad, independientemente de su nacionalidad, cultura o religión? A los ucranianos se les ayuda a desplazarse y se les procura lo necesario para vivir y realojarse, sin embargo al resto no se les trata igual. Llama la atención, asimismo, que a los voluntarios que ayudan a los ucranianos se les agradece su ayuda; sin embargo, a los voluntarios que ayudan a los otros migrantes o refugiados se les persigue, detiene  e incluso se les acusa de tráfico de personas. ¿Diferente vara de medir? De hecho Almeida se ha ofrecido a acoger en Madrid a los ucranianos que haga falta, cuando hace sólo unos años criticaba el cartel de bienvenida con que Carmena recibía a otro tipo de refugiados. O que Polonia también ha cambiado abriendo sus fronteras a la llegada de miles de ucranianos, cuando hace sólo unos meses docenas de migrantes bielorrusos murieron congelados en los bosques al intentar cruzar la frontera polaca.

Es triste constatar que la solidaridad, la cooperación y la piedad acaban ante cierta tonalidad de la piel, cierto sesgo ideológico o ciertas creencias religiosas, lo mismo que el interés informativo por unas guerras que merecen portadas, primeras planas y reportajes a todas horas, y la apatía por otras que importan menos que un desfile de moda.

Luis Pernía, cura obrero y  de ASPA (Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz)

dijous, 13 de gener del 2022

Paraules del Papa Francesc en clau de Sant Josep



PAPA FRANCISCO


AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 12 de enero de 2022

Catequesis sobre san José 7. San José el carpintero

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Los evangelistas Mateo y Marcos definen a José como “carpintero” u “obrero de la madera”. Hemos escuchado hace poco que la gente de Nazaret, escuchando a Jesús hablar, se preguntaba: «¿No es éste el hijo del carpintero?» (13,55; cf. Mc 6,3). Jesús practicó el oficio de su padre.

El término griego tekton, usado para indicar el trabajo de José, ha sido traducido de varias maneras. Los Padres latinos de la Iglesia lo hicieron con “carpintero”. Pero tengamos presente que en la Palestina de los tiempos de Jesús la madera servía, además de para fabricar arados y muebles varios, también para construir casas, que tenían ventanas de madera y techos de terraza hechos de vigas conectadas entre sí con ramas y tierra.

Por tanto, “carpintero” u “obrero de la madera” era una calificación genérica, que indicaba tanto a los artesanos de la madera como a los trabajadores que se dedicaban a actividades relacionadas con la construcción. Un oficio bastante duro, teniendo que trabajar materiales pesados, como madera, piedra y hierro. Desde el punto de vista económico no aseguraba grandes ganancias, como se deduce del hecho de que María y José, cuando presentaron a Jesús en el Templo, ofrecieron solo un par de tórtolas o pichones (cf. Lc 2,24), como prescribía la Ley para los pobres (cf. Lv 12,8).

Por tanto, Jesús adolescente aprendió del padre este oficio. Por eso, cuando de adulto empezó a predicar, sus paisanos asombrados se preguntaban: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?» (Mt 13,54), y se escandalizaban a causa de él (cf. v. 57), porque era el hijo del carpintero, pero hablaba como un doctor de la ley, y se escandalizaban de esto.

Este dato biográfico de José y de Jesús me hace pensar en todos los trabajadores del mundo, de forma particular en aquellos que hacen trabajos duros en las minas y en ciertas fábricas; en aquellos que son explotados con el trabajo en negro; en las víctimas del trabajo ―hemos visto que en Italia últimamente ha habido varias―; en los niños que son obligados a trabajar y en aquellos que hurgan en los vertederos en busca de algo útil para intercambiar... Me permito repetir esto que he dicho: los trabajadores escondidos, los trabajadores que hacen trabajados duros en las minas y en ciertas fábricas: pensemos en ellos. En aquellos que son explotados con el trabajo en negro, en aquellos que dan el sueldo de contrabando, a escondidas, sin la jubilación, sin nada. Y si no trabajas, tú, no tienes ninguna seguridad. El trabajo en negro hoy existe, y mucho. Pensemos en las víctimas del trabajo, de los accidentes en el trabajo; en los niños que son obligados a trabajar: ¡esto es terrible! Los niños en la edad del juego deben jugar, sin embargo, se les obliga a trabajar como personas adultas. Pensemos en esos niños, pobrecitos, que hurgan en los vertederos para buscar algo útil para intercambiar. Todos estos son hermanos y hermanas nuestros, que se ganan la vida así, ¡con trabajos que no reconocen su dignidad! Pensemos en esto. Y esto sucede hoy, en el mundo, ¡esto sucede hoy! Pero pienso también en quien está sin trabajo: cuánta gente va a llamar a las puertas de las fábricas, de las empresas: “Pero, ¿hay algo que hacer?” – “No, no hay, no hay…”. ¡La falta de trabajo! Y pienso también en los que sienten heridos en su dignidad porque no encuentran este trabajo. Vuelven a casa: “¿Has encontrado algo?” ― “No, nada… he ido a Cáritas y traigo pan”. Lo que te da dignidad no es llevar el pan a casa. Puedes tomarlo en Cáritas: no, esto no da dignidad. Lo que te da dignidad es ganar el pan, y si nosotros no damos a nuestra gente, a nuestros hombres y a nuestras mujeres, la capacidad de ganar el pan, esto es una injusticia social en ese lugar, en esa nación, en ese continente. Los gobernantes deben dar a todos la posibilidad de ganar el pan, porque esta ganancia les da dignidad. El trabajo es una unción de dignidad y esto es importante. Muchos jóvenes, muchos padres y muchas madres viven el drama de no tener un trabajo que les permita vivir serenamente, viven al día. Y muchas veces la búsqueda se vuelve tan dramática que los lleva hasta el punto de perder toda esperanza y deseo de vida. En estos tiempos de pandemia muchas personas han perdido el trabajo ―lo sabemos― y algunos, aplastados por un peso insoportable, han llegado al punto de quitarse la vida. Quisiera hoy recordar a cada uno de ellos y a sus familias. Hagamos un momento de silencio recordando a esos hombres, esas mujeres, desesperados porque no encuentran trabajo.

No se tiene lo suficientemente en cuenta el hecho de que el trabajo es un componente esencial en la vida humana, y también en el camino de santificación. Trabajar no solo sirve para conseguir el sustento adecuado: es también un lugar en el que nos expresamos, nos sentimos útiles, y aprendemos la gran lección de la concreción, que ayuda a que la vida espiritual no se convierta en espiritualismo. Pero lamentablemente el trabajo es a menudo rehén de la injusticia social y, más que ser un medio de humanización, se convierte en una periferia existencial. Muchas veces me pregunto: ¿con qué espíritu hacemos nuestro trabajo cotidiano? ¿Cómo afrontamos el esfuerzo? ¿Vemos nuestra actividad unida solo a nuestro destino o también al destino de los otros? De hecho, el trabajo es una forma de expresar nuestra personalidad, que es por su naturaleza relacional. El trabajo es también una forma para expresar nuestra creatividad: cada uno hace el trabajo a su manera, con el propio estilo; el mismo trabajo, pero con un estilo diferente.

Es hermoso pensar que Jesús mismo trabajó y que aprendió este arte propio de san José. Hoy debemos preguntarnos qué podemos hacer para recuperar el valor del trabajo; y qué podemos aportar, como Iglesia, para que sea rescatado de la lógica del mero beneficio y pueda ser vivido como derecho y deber fundamental de la persona, que expresa e incrementa su dignidad.

Queridos hermanos y hermanas, por todo esto hoy deseo recitar con vosotros la oración que san Pablo VI elevó a san José el 1 de mayo de 1969:

Oh, san José,
patrón de la Iglesia,
tú que junto con el Verbo encarnado
trabajaste cada día para ganarte el pan,
encontrando en Él la fuerza de vivir y trabajar;
tú que has sentido la inquietud del mañana,
la amargura de la pobreza, la precariedad del trabajo;
tú que muestras hoy el ejemplo de tu figura,
humilde delante de los hombres,
pero grandísima delante de Dios,
protege a los trabajadores en su dura existencia diaria,
defiéndelos del desaliento,
de la revuelta negadora,
como de la tentación del hedonismo;
y custodia la paz del mundo,
esa paz que es la única que puede garantizar el desarrollo de los pueblos. Amén

 

Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los animo a reflexionar sobre el sentido que damos al propio trabajo, a verlo como un servicio, como un modo de ayudar a los demás con nuestro esfuerzo. Que el Señor los bendiga y bendiga todas sus tareas, de modo que sean siempre para la mayor gloria de Dios. Muchas gracias.

 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos en nuestra catequesis sobre el trabajo de san José, que era “artesano”, un obrero de la madera que podría ocuparse tanto de la fabricación de utensilios y muebles como de la construcción de las casas. Un trabajo duro y poco retribuido, que Jesús aprendió de su padre.

Esta condición de obrero pobre provoca escándalo entre los coetáneos de Jesús, que no aceptan su enseñanza y no se explican las obras extraordinarias que realiza. También hoy existen muchas personas que sufren a causa del trabajo, personas explotadas o que no encuentran un trabajo digno. Hoy quiero rezar por todas ellas y por sus familias. Debemos recuperar el sentido del trabajo, como elemento esencial que dignifica al hombre y coopera a su santificación. Trabajar, como lo hicieron José y Jesús, más allá de darnos la posibilidad de ganarnos la vida y de sostener a nuestras familias, nos permite realizarnos concretamente, sentirnos útiles y colaborar en un proyecto que a fin de cuentas es el proyecto de Dios.

divendres, 24 de desembre del 2021

Una buena noticia para el mundo del trabajo

 

Fumata blanca sobre la reforma laboral

Fumata blanca sobre la reforma laboral
CCOO, UGT y patronales suscriben el acuerdo presentado por el Gobierno sobre la reforma laboral que “recupera derechos” y está orientada a reducir  la temporalidad, potenciar la contratación indefinida, mejorar los derechos colectivos y proteger el empleo.

Después de nueve meses de negociación sobre la modernización del mercado de trabajo, el diálogo social tripartito genera uno de los principales acuerdos en materias como contratación, negociación colectiva y la nueva figura de los ERTE (expediente de regulación temporal de empleo) para reducir la temporalidad y potenciar la contratación indefinida, mejorar los derechos colectivos y proteger el empleo.

Esta mañana se han reunido los distintos órganos de gobierno de los sindicatos y de las patronal para someter a diálogo y votación la última propuesta presentada por el Gobierno en la reunión de este miércoles que finalizó sin acuerdo por existir determinados flecos en materia de subcontratación y en la redacción del contrato de formación, según pudo contrastar Noticias Obreras. Este último escollo no ha impedido que todas las partes –CCOO y UGT, por unanimidad; en CEOE, mayoritariamente (han votado en contra CEIM, FOMENT; ANFAC y ASAJA)– suscriban el texto que recoge el proceso de negociación iniciado en marzo de 2021. Esta previsto su validación en el Consejo de Ministros del 28 de diciembre, el último del año, y cumpliendo con el calendario establecido en el Plan de Resiliencia y Recuperación presentado ante la Comisión Europea.

Un acuerdo “histórico” según han manifestado la vicepresidenta primera y segunda del Gobierno, Nadia Calviño y Yolanda Díaz, que persigue “acabar con la precariedad y la temporalidad” y establecer unas relaciones más justas y equilibradas en la negociación colectiva.

En una nota conjunta, CCOO y UGT consideran con el acuerdo alcanzado, los trabajadores y las trabajadoras “ganamos derechos” resultado “de la firmeza y la constancia” que permite acometer “una modificación del calado que supone este acuerdo, no a favor de las pretensiones de la empresa, sino de la clase trabajadora. Aquí recuperamos derechos. Recordemos que, de las seis reformas laborales acometidas en el siglo XXI, sólo una lo fue por consenso la de 2006, –y tres de ellas, 2002, 2010 y 2012– motivaron la convocatoria de huelga general por parte de las organizaciones sindicales. Esta mirada retrospectiva, da valor al acuerdo alcanzado y también al hecho que sea el primero en décadas que sea de carácter tripartito”.


—Tribuna. Reforma laboral: la dignidad del trabajo y el trabajo digno, por Abilio Martínez y Antonio J Aranda, obispo y director de la Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española, respectivamente

Derechos y garantías colectivas

En este sentido, destacan que el acuerdo “merece una valoración muy positiva” al recuperar el equilibrio en la negociación colectiva, reestableciendo la ultraactividad de los convenios y la prevalencia del convenio sectorial frente al de empresa, “impidiéndole la regulación a peor de aspectos clave como el salario o la jornada”. El acuerdo permite establecer una negociación colectiva mejor articulada –millones de trabajadores estarán mejor protegidos en sus derechos– “y se garantiza que la externalización a través de la subcontratación se someta laboralmente al convenio de referencia de la actividad desarrollada con independencia del objeto social y forma jurídica de la empresa, lo que supone un importante golpe a fenómenos precarizadores como las empresas multiservicios”, subrayan ambas organizaciones de trabajadores.

Contratación indefinida y medidas para atajar la temporalidad

En el apartado de contratación, el texto del acuerdo fortalece la figura del contrato indefinido y se adoptan medidas limitadoras de la contratación temporal: se concreta la causalidad de ésta, se simplifica y acota la contratación temporal.

Desaparece el contrato de obra y servicios, estableciéndose solo dos contratos temporales: uno por causas estructurales y el formativo. El contrato estructural tendrá dos posibles causas: la de circunstancias excepcionales de la producción y la substitución temporal de un trabajador o trabajadora. El máximo de duración de un contrato temporal se reduce, pasando de cuatro años a 12 meses. El contrato por circunstancias de la producción se podrá realizar un máximo de 6 meses, ampliable a 12 por convenio, con la posibilidad de hacerse por 90 días para actividades estacionales previsibles, previa planificación, notificación a la representación sindical en el año anterior, y sin posibilidad de encadenamiento consecutiva.

La contratación temporal se considerará indefinida cuando se acumule un máximo de 18 meses de trabajo en 24 meses totales –antes era 24 en 30– y el incumplimiento de la normativa de la contratación laboral hará que la persona trabajadora sea considerada indefinida. Con el fin de garantizar el cumplimiento de la norma se efectúa una modificación esencial: la infracción se comete por persona afectada, lo que aumenta de forma significativa el poder disuasorio de la sanción administrativa promocionada por la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

Protección del empleo

La tercera parte del acuerdo, incorpora al Estatuto de los Trabajadores, los ERTE (expediente de regulación temporal de empleo), fórmula utilizada en la pandemia para proteger a las empresas y al empleo, evitando despidos colectivos, se incorpora a la legislación laboral incluyendo motivos de limitación o impedimento de la actividad, también en lo referente a los beneficios en materia de cotización vinculados a la realización de acciones formativas y al mantenimiento del empleo y de protección de los trabajadores en materia de desempleo. Durante los periodos de ERTE, sean por fuerza mayor o por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, no podrán realizarse horas extras, establecerse nuevas externalizaciones ni concertarse nuevas contrataciones laborales.

Los nuevos ERTE, denominados Mecanismo RED de Flexibilidad y Estabilización del Empleo, contarán con dos modalidades: una cíclica, cuando se aprecie una coyuntura macroeconómica que aconseje la adopción de instrumentos de estabilización y con una duración máxima de un año; y otra sectorial, a la que podrán acogerse las empresas cuando un determinado sector aprecie cambios que generen necesidades de recualificación y de transición profesional. Activado el mecanismo, las empresas podrán pedir su adhesión y si reciben autorización, podrán acceder a beneficios en materia de cotización vinculados al mantenimiento del empleo. Las empresas que contraten trabajadores incluidos en la modalidad sectorial tendrán derecho a bonificaciones en la cuota de la Seguridad Social de un 50% en el plazo de seis meses. Durante los periodos de mecanismo RED no podrán realizarse horas extras, establecerse nuevas externalizaciones ni concertarse nuevas contrataciones laborales.

Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo.  
(Ediciones HOAC, 2019)


Font: Revista Noticias Obreras