dilluns, 20 d’abril del 2026

28 d'abril: Dia Mundial de la Seguretat i Salut al Treball

Nota de prensa con motivo del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo

Madrid, 28 de abril de 2026
José Luis Méndez, director del Departamento de Pastoral de la Salud
Antonio Javier Aranda, director del Departamento de Pastoral del Trabajo

Vivimos un tiempo de desgaste profundo. El cansancio se ha vuelto el paisaje cotidiano de nuestros barrios y transportes públicos; un agotamiento que no es fruto del esfuerzo sano, sino de una economía que exige demasiado y devuelve demasiado poco. Desde los departamentos de la Pastoral del Trabajo y la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española, alzamos nuestra voz para denunciar que hemos normalizado la precariedad y que es urgente transitar hacia una ética del cuidado que ponga la vida en el centro.

La precariedad ya no es una excepción, sino un sistema que corroe la vida común. Según el reciente Informe PRESME 2025, el 47,5% de los trabajadores en nuestro país vive bajo algún tipo de precariedad. Esta inseguridad estructural impide planificar el futuro, rompe los vínculos familiares y debilita el tejido social. Como sociedad, no podemos permitir que el trabajo, que debería ser fuente de dignidad, se convierta en una herramienta de erosión humana.

Es un escándalo ético que el 90% de las mujeres jóvenes migrantes en trabajos manuales sufran precariedad severa. Ellas sostienen nuestros hogares, cuidan a nuestros mayores y limpian nuestras ciudades, a menudo sin derechos básicos ni protección. Una sociedad que descansa sobre el sacrificio invisible de las más vulnerables ha perdido su brújula moral. La verdadera justicia exige que quienes más cuidan sean, precisamente, las más protegidas.

La precariedad enferma y, en demasiadas ocasiones, mata:

  • Salud Mental: El riesgo de sufrir problemas psicológicos se multiplica por 2,5 bajo condiciones precarias. En el último año, las bajas por causas psicológicas han rozado las 600.000. El estrés crónico y la ansiedad no son debilidades personales, son consecuencias de ritmos inhumanos.
  • Siniestralidad Laboral: En 2025, 735 personas perdieron la vida en accidentes de trabajo. En los últimos 30 años (1996-2025) han sido 30.129 las muertes registradas en el trabajo. No son cifras; son familias truncadas por una cultura que antepone la rentabilidad a la prevención.
  • Pobreza Laboral: El Informe FOESSA 2025 nos alerta de una realidad dolorosa: tres de cada cuatro hogares en exclusión severa cuentan con personas trabajadoras. Trabajar ya no garantiza salir de la pobreza.

Nadie puede decir que no lo sabía: La precariedad es un hecho público con datos indiscutibles.

  • Gobernar es, en su esencia, cuidar. Exigimos políticas valientes: estabilidad real, salarios suficientes, una inspección de trabajo robusta y la integración de la salud mental en el cuidado de la vida de las personas trabajadoras.
  • La dignidad del trabajador debe estar por encima de la lógica del beneficio. Las empresas que cuidan no solo son más éticas, sino más sostenibles y humanas.
  • No podemos ser indiferentes. El cuidado no es una opción secundaria; es la base de una comunidad sana y la mayor forma de justicia.

El cuidado empieza hoy

Inspirados en el Evangelio y en una ética humana universal, decimos: ¡Basta de una economía que mata!, de ritmos que enferman y de muertes que pudieron evitarse.

Es tiempo de un país que cuide, donde el trabajo sostenga la vida en lugar de desgastarla. Hacemos un llamamiento a las instituciones, sindicatos, organizaciones empresariales y ciudadanos para despertar a esta urgencia. La dignidad humana no es negociable: Es tiempo de justicia, ¡es tiempo de un país que cuide!

Fuente: Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana