dijous, 7 de febrer del 2019

Ufff...



 Resultat d'imatges de Prisa



El ritmo que llevamos me produce vértigo. Especialmente alarmante, y todo un síntoma cultural de la anticultura en que vivimos, es el estrés de las madres y de los padres jóvenes con hijos: la hipoteca, la cocina, la limpieza, la compra, el ambulatorio, la consulta, la guardería, el colegio, los extraescolares hasta las tantas, averías sin fin, facturas y más facturas. Llega el fin de semana, deporte escolar: levántate, llévalo, tráelo. Hoy os toca con el padre, hoy os toca con la madre, haz y deshaz la mochila, carga, vete, alguien llora a solas cada vez. Es para volverse locos. Son unos héroes, o unos santos. ¿Cómo que santos? ¿No llaman el Concilio Vaticano II y el Derecho Canónico “estado de perfección” a la vida del convento?
Pero sigamos. Sin tiempo de respirar, llega la noche del domingo, y hay tanto que limpiar y preparar para mañana. Ya es lunes. Quien tiene la suerte de tener empleo corre, con el cuerpo cansado, el alma desganada. Trabaja ocho horas, con cien mil cosas en la cabeza, y sin saber si mañana podrá trabajar, todo ello por 1.000 € al mes, 1.600 sería una fortuna. ¿Pero sabes a cuánto equivaldría hoy, según el poder adquisitivo, el salario más humilde de los años 60 y 70? Equivaldría a 2.800 €. Sic. Pásmate. Yo tampoco me lo podía creer, pero lo ha demostrado Roberto Velasco, catedrático de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad del País Vasco.
¿A dónde habrá ido a parar la diferencia entre los 1.000 € que ganan muchos y los 2.800 que deberían ganar? No creo que todo se lo hayan llevado las empresas chinas e indias, cuyos productos tumban nuestros precios y, por lo tanto, nuestros salarios. Algo tendrá que ver el que las 26 personas más ricas del mundo posean tanta riqueza como los 3.800 millones de personas más pobres del planeta: lo ha denunciado OXFAM en el informe “Bienestar público o beneficio privado”, elaborado con ocasión de la última edición del Foro Económico Mundial que cada año reúne en Davos (Suiza) a los poderosos de la Tierra, esa “gente muy seria –ha dicho alguien– que se junta para discutir sobre cómo no hacer nada con la desigualdad”. Es la raíz estructural del mal.
¡Pobres hombres!, lo digo por todos: por la especie humana de esta bendita Tierra, por las 3.800 millones personas más pobres que malviven en ella, por todos nosotros, y también por las 26 personas más ricas del planeta, pues no puedo creer que sean felices siendo tan inconscientes en su burbuja. Somos la única especie que ha decidido sacrificar el bienestar común por el beneficio privado. ¡Pobre humanidad!
¿Qué nos ha traído hasta aquí? Es la codicia de querer tener cada vez más, sobre todo más que el vecino. La codicia viene a su vez del miedo, el miedo a perder, sobre todo a tener menos que el vecino. Gran error, pura inconsciencia. La codicia nos lleva a competir con todos, hasta con nosotros mismos, para desgracia de todos. Si no le devoro, me devorará. Competir es la ley global sin regla. Es el medio y el fin. Ir más rápido que el otro, ganar la carrera. Ganar. ¿Es la ley de la vida? Es la ley de la muerte.
Esta competitividad, fruto y llave de la codicia, es la que ha acelerado la economía, la historia, la vida de nuestros jóvenes padres, nuestra vida. La era de los cazadores-recolectores tardó o, mejor, se tomó 290.000 para inventar la agricultura. La agricultura se tomó solo 12.000 años para pasar a la industria, inventando la máquina de vapor en 1769. Pero en apenas 250 años, la industria ya va por su cuarta revolución, y nadie sabe a dónde nos conduce, si a lo mejor o a lo peor. Una cosa es cierta: vamos cada vez más rápido. Huimos adelante. Cuantas más máquinas inteligentes fabricamos, menos descansamos. Si seguimos acelerando, nos estrellaremos.
¿Cómo podremos acompasar el ritmo, corregir el rumbo? Está claro: debemos parar, respirar a fondo, hacernos presentes, escuchar el silencio, sentir el jadeo, mirar al herido. Dejar de huir adelante, recuperar la calma, ser lo que somos, vivir en paz. Permitidme decirlo con una palabra: espiritualidad. Con o sin religión, pero espiritualidad.
¿Y las religiones? Las religiones nacieron del soplo vital libre que alienta cuanto es. Nacieron para infundirlo, y tomaron forma. Pero cuando se aferran a la forma –a la letra, al dogma, al rito, al poder, a la cosmovisión de otro tiempo, a su propia necesidad de supervivencia–, la forma las ahoga. Buscan seguridad en el pasado, desertando el presente con su cultura, sus preguntas, sus gozos y dramas. Se vuelven incapaces de infundir aliento. Las religiones huyen atrás, y la gente huye de ellas. Les queda una de dos: liberarse o morir (o convertirse en gueto, que equivale a morir). Solo si aceptan liberarse de su forma pasada podrán todavía vivir e infundir aliento a una humanidad y un planeta sofocados por la prisa. Pero me pregunto si las religiones no son, también ellas, víctimas de la prisa, de la ambición de ganar, del empeño letal por defender su posesión del bien y de la verdad, de sus intereses privados frente al bienestar común.
                                                  (Publicado en DEIA y en los Diarios del Grupo NOTICIAS el 03 de Febrero de 2019)

diumenge, 3 de febrer del 2019

ELS DILLUNS DELS DRETS HUMANS: CAP A UN 8 DE MARÇ DINS L’ESGLÉSIA

 
Fa un any el 8 de març va suposar un punt d’inflexió en la lluita feminista a casa nostra. Aquesta revolució que s’està donant a la societat està costant més que penetri també a l’Església. Són moltes les qüestions obertes que l’Església hauria d’afrontar si no vol quedar al marge dels processos socials i polítics clau que s’estan donant en la nostra societat en aquest camp. De quina manera avançar cap a una igualtat efectiva també dins l’Església?
Ponents:
  • Viqui Molins. Religiosa teresiana, activista i impulsora d’iniciatives socials.
  • Neus Forcano, filòloga, professora de Llengua i Literatura i membre de l’Associació Europea de Dones per a la Recerca Teològica (ESWTR)
Modera:
  • Montse Santolino, periodista i responsable de comunicació de Lafede.cat
Dilluns 4 de febrer, 19h
Sala d'actes de Cristianisme i Justícia - Roger de Llúria, 13

La precarietat laboral a les dones

 

Más precariedad y desigualdad laboral para las mujeres

La última EPA demuestra que las mujeres tienen peor calidad en el empleo y en el desempleo.

Tras la publicación de los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondientes al cuarto trimestre de 2018, la Unión General de Trabajadores denuncia que la desigualdad y la brecha de género no solo se mantienen en nuestro mercado de trabajo, sino que, en algunos casos, incluso incrementan.
Según la estadística, el desempleo ha aumentado en 13.800 mujeres en este trimestre y la tasa de paro femenina sube hasta el 16,26%, cuatro centésimas más respecto al trimestre anterior.
Además, la brecha de género en el desempleo se mantiene en 3,39 puntos porcentuales, con 156.100 mujeres más que hombres en el desempleo y habiéndose reducido el número de hombres en paro en mayor medida, lo que significa que el desempleo masculino se reduce mucho más rápido que el femenino. Para UGT, la inestabilidad laboral sigue castigando más a las mujeres que a los hombres.
Por sectores, destaca el incremento del paro femenino en la industria un 10,86%, justo lo contrario que ocurre con el masculino, que se ha reducido en este sector un 7,12%. Para UGT, esto puede significar una sustitución de empleo femenino por empleo masculino en este sector, lo que resulta alarmante dado que es precisamente el sector industrial el que tiene la tasa de paro más baja para ambos sexos.
Además, en el sector servicios, el empleo masculino se ha reducido con mayor intensidad que el femenino, por lo que, incluso en sectores altamente feminizados, los hombres salen del desempleo con mayor facilidad que las mujeres.
En relación al paro de larga duración, se reduce de forma significativa para ambos sexos, pero con mayor intensidad entre los hombres, algo que para UGT es totalmente paradójico, ya que los hombres son menos representativos en este desempleo de larga duración que las mujeres.
Con las cifras en la mano, queda demostrado que las mujeres tienen más difícil su acceso al empleo que los hombres y tienen peores trabajos (y menos remunerados). Aunque algunos lo pretendan ignorar, la brecha de género persiste tanto en el empleo como en el desempleo, con importantes desigualdades en las prestaciones y subsidios por desempleo.
Por todo ello, UGT refuerza su compromiso con la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres y reclama políticas activas inclusivas para este colectivo. Es preciso aplicar un enfoque de género a todas las políticas, que permita combatir la desigualdad persistente con medidas hacia un empleo de calidad con derechos y mejora en la protección social para las mujeres. Solo así conseguiremos avanzar hacia una sociedad más igualitaria, justa y democrática.

Fuente: nuevatribuna.es

divendres, 1 de febrer del 2019

Un recés de l'ACO (Acció Catòlica Obrera)

16 de febrer de 2019, recés per «donar fruit»

El recés d’ACO ens dona una oportunitat d’aturar-nos, de fer silenci, d’adonar-nos que per anar cap enfora, primer hem d’anar cap endins; tal i com feia Jesús. Ens fixarem en com Jesús inicia, acompanya i implica als seus primers deixebles, i els converteix en apòstols, en “pescadors d’homes”.
El recés també serà un espai de treball personal, de compartir amb els altres militants que hi assisteixin, de celebrar-lo i fer-lo sagrament en l’Eucaristia. Moments per sentir, un cop més, l’encàrrec de Jesús: «Aneu per tot arreu i doneu fruit»(Jn 15,16).
El recés estarà acompanyat pel consiliari de la zona Besòs, Jordi Espí i tindrà lloc a la parròquia Sant Paulí de Nola (C/ Alfons el Magnànim, 125, Barcelona) el dissabte 16 de febrer a partir de les 10 h. Teniu més informació al programa.
Recordeu que cal avisar a l’ACO per poder tenir a punt els materials que distribuirem, podeu fer-ho per correu electrònic a coordinacio@acocat.orgo per telèfon al 935058686.

dimecres, 30 de gener del 2019

Un calendari a tenir en compte a la nostra diòcesi de Terrassa


CALENDARI DE LA PASTORAL OBRERA DE LA DIÒCESI DE TERRASSA 

11 Febrer de 2019  (segon dilluns de mes):   Reunió de l'EPOT (Equip de la Pastoral Obrera de la Diòcesi de Terrassa), a la Parròquia de Sant Francesc d'Assís de Bellavista, 20:00 h.
02 Març de 2019:   Jornada de la Pastoral Obrera de Catalunya (P.O.C.)
08 Març de 2019: Dia de la Dona Treballadora
11 Març de 2019  (segon dilluns de mes):   Reunió de l´ EPOT, a la Parròquia de la Mare de Déu de la Mercè de Badia del Vallès, 20:00 h.
08 Abril de 2019  (segon dilluns de mes):   Reunió de l´ EPOT, a la Parròquia de Bellavista, 20:00 h.
27 Abril de 2019:   Jornada Lúdica – Reivindicativa – Formativa  de la  Pastoral Obrera de Terrassa  (P.O.T.)
01 Maig de 2019:   Dia Internacional del Treball

Baixa l'atur segons les estadístiques...

 España cierra 2018 con la mayor creación de empleo en 12 años

España cierra 2018 con la mayor creación de empleo en 12 años

La tasa de paro baja al 14,45%, la más reducida desde 2008, y el año acaba con 3,3 millones de desocupados



29 de enero de 2019

La economía española no crece como lo hacía, ya no lo hace por encima del 3% anual. Y, en cambio, el mercado laboral español no parece notarlo. Al menos, hasta finales del año pasado. En 2018 se crearon 566.200 empleos, el dato más alto al acabar un año desde 2006. Con este dato, España tiene 19,56 millones de ocupados, según la encuesta de población activa (EPA). También del otro lado del mercado laboral, el paro, las cifras del INE mostraron una evolución positiva y sorprendente: los desempleados cayeron hasta los 3,3 millones. Esto se tradujo en una reducción de la tasa de desempleo hasta el 14,45%. El aumento de las plantillas en la Administración en los últimos tiempos ha contribuido a la sorpresa.

Por quinto año consecutivo, España ha vuelto a acabar un año con el empleo al alza. Y sin perder fuerza, más bien al contrario, según lo sucedido en el último trimestre de 2018. A diferencia de lo que había sucedido en los dos años anteriores, se creó empleo. No fue mucho, 36.600 puestos de trabajo, pero sí el suficiente para que se tradujera en una nueva aceleración de la recuperación laboral.
Este último dato es la prueba de que la evolución de mercado laboral al acabar el año ha sido bastante mejor de lo esperado. “Mejor de lo previsto” es una expresión que está en el título del comentario del servicio de estudios de BBVA, que sitúa la sorpresa en la construcción y en los servicios, un sector que “se comportó mejor de lo esperado”.
 
 
Lo continuado de la recuperación da para que también las cifras desestacionalizadas —las que eliminan mediante fórmulas matemáticas los efectos que tienen en los números brutos las temporadas turísticas o las campañas agrícolas y comerciales— también encadenen muchos trimestres de mejora: 21 en el caso de la evolución del empleo y 23 en el del paro.

Sin embargo, estos cinco años de recuperación no han sido suficientes para devolver al mercado laboral español a las cifras previas a la crisis. Justo coincidiendo con las turbulencias de las hipotecas subprime, España superó los 20,7 millones de empleos. A partir de ahí comenzó una caída que se convirtió en hundimiento con la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008. Los 19,5 millones de ocupados, la tasa de desempleo del 14,45% y los 3,3 millones de parados con los que acabó 2018 son cifras sin parangón desde hace 10 años. Es decir, el mercado laboral está escalando ahora el muro por el que se precipitó en la zona cero de la Gran Recesión.
Uno de los elementos que ha sido decisivo en los últimos meses es la marcha del sector público, que lleva varios trimestres contratando a un mayor ritmo que en el sector privado. Y eso se ha notado especialmente en el último trimestre. Las plantillas de las administraciones crecieron en 43.400 funcionarios; por el contrario, el sector privado destruyó 6.900 puestos de trabajo.

Pero el incremento del empleo público no se traduce en una reducción de las cifras de temporalidad en las Administraciones. Como destacó el sindicato de funcionarios CSI-F, la temporalidad se situó en el 26,2%, dato que le sirvió a la central para hablar de “récord”.

Esa cifra es ligeramente inferior a la del conjunto del mercado laboral, al que no acaba de llegar el empleo de calidad en cantidades suficientes como para diluir la sensación de precariedad que existe, y se apoya en cifras como la de la temporalidad. El 26,9% de todos los asalariados tienen un contrato con fecha de caducidad. Es cierto que este porcentaje no supera el 30% con el que comenzó la crisis, pero su aumento constante, en paralelo al empleo, demuestra que la crisis y la recuperación no han traído un cambio de patrón al mercado laboral.

Este es uno de los aspectos que destacó el gabinete económico de CC OO en su análisis de la última EPA de 2018. “España sigue encadenada a un modelo productivo basado en los servicios de bajo valor añadido (hostelería, comercio, servicios auxiliares)”, apunta, tras destacar que en estas tres ramas hay aumentos de empleo superiores al 25% desde mitad de 2013. Los economistas del sindicato también destacan que la industria tiene un “peso reducido”, algo que se confirma con un retroceso de 3.000 puestos de trabajo en el último año.

También apoya la tesis de la falta de empleo de calidad el repunte de los trabajos a media jornada en el último trimestre. Llegó a 2,9 millones de ocupados con jornada parcial, de los que, además, 1,53 millones pueden calificarse como subempleados (aquellos que tienen un empleo de media jornada porque no han encontrado uno a tiempo completo). Lo mismo puede decirse del análisis de horas trabajadas de media por cada trabajador. Según los números conocidos, cada semana del último trimestre del año un ocupado trabajaba 33,9 horas. Justo hace 10 años, esa cifra se situaba en 35,4 horas.

La larga crisis y su crudeza, especialmente entre 2008 y 2014, ha dejado muchas heridas abiertas que cinco años después de que comenzara a recuperarse el mercado laboral no han cicatrizado. Y todavía tardarán. Entre los datos divulgados por el INE, hay dos que son un claro ejemplo de esto: los hogares con todos sus miembros en paro y los hogares en los que nadie percibe ingreso alguno.

Más de un millón de hogares con todos en paro

Los primeros bajaron hasta 1.053.400 a finales de 2018, según la encuesta de población activa (EPA). Esta cifra es casi la mitad desde el dato máximo de principios de 2013, cuando se superaron los dos millones. No obstante, la mejora de este colectivo está siendo más lenta que la recuperación del empleo: mientras que ya se han recuperado el 70% de los puestos de trabajo perdidos durante la Gran Recesión, la reducción en esta categoría solo llega al 60% del incremento que se observó en esos años.
Al hablar de los hogares en los que todos sus miembros están desocupados, hay que tener en cuenta que esto no es sinónimo de que nadie, ni siquiera uno de sus integrantes, tenga ingresos. En esas familias puede haber pensionistas o personas que reciben ingresos por otras fuentes como rentas de alquileres o dividendos de Bolsa. También amortigua algo el problema, que 284.200 de estos hogares estén compuestos por un único miembro.

Como en el caso del empleo y el paro, no será fácil mejorar las cifras de la segunda mitad de 2008. La caída de Lehman Brothers precipitó todo, se aceleró la destrucción de puestos de trabajo y de forma inversamente proporcional aumentó a toda velocidad el desempleo. Volver a la situación previa requeriría varios trimestres en los que la recuperación laboral acelerara todavía más, algo muy improbable a tenor de las previsiones económicas para 2019, que pronostican una moderación.

Donde sí que no entran ingresos es en los 593.500 hogares en los que no hay perceptor alguno de ingresos. Como en el caso de las familias en las que todos sus miembros están en paro, este colectivo se reduce a una velocidad menor de la que mejora el mercado laboral. Llegó a superar los 773.000 a finales de 2013. Eso suponía que se había duplicado la cifra que se había alcanzado antes de empezar la crisis. Todavía no se ha enjugado todo el incremento de estos años.

Los casi 600.000 hogares sin ingresos suponen un 3% del total de hogares que hay en España. 2018 acabó con 18,6 millones de hogares. Esta es la cifra más alta de la serie histórica. Durante la crisis, no ha dejado de crecer en ningún momento. A un ritmo inexorable y lento, han ido aumentando trimestre a trimestre, pese a que entre el comienzo de 2011 y hasta entrado 2015 sí que disminuyó la población que observa la EPA.