dijous, 8 d’octubre del 2020

Més sobre el treball decent

La Iglesia, en la Jornada Mundial por el Trabajo Decente: “Para Francisco es una prioridad fundamental”

por Comunicación ITD

Entrevista a Imanol Morales y Tamar Arranz, portavoces de ITDPor Mateo González para Vida Nueva.

“Nos movemos por el Trabajo Decente” es el lema que mueve a la red de entidades eclesiales que promueven, en torno a este 7 de octubre, la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, una iniciativa que sintoniza de lleno con el mensaje de Francisco en su encíclica Fratelli tutti y la situación que ha dejado la pandemia por el coronavirus. Con motivo de esta jornada, Vida Nueva repasa con Imanol Morales y Tamar Arranz, portavoces de Iglesia por el Trabajo Decente, algunas de las reivindicaciones de este año. 

En medio de una crisis social

PREGUNTA.- ¿Qué caracteriza la Jornada Mundial por el Trabajo Decente de este 2020?

RESPUESTA.-  Este 7 de octubre, atravesado por la crisis sanitaria que ha provocado la pandemia de la COVID-19, ha puesto de manifiesto las debilidades estructurales del Estado de bienestar en España, y de un mercado laboral caracterizado por altos niveles de precariedad, donde tener un trabajo hoy en día no es suficiente para salir de la pobreza y para poder tener unas condiciones de vida dignas.

La crisis sanitaria está dando lugar a una creciente crisis social donde cada vez más personas pierden sus empleos y muchas de ellas no pueden contar con protección social necesaria, viéndose abocadas a acudir a los servicios sociales públicos, a los recursos sociales de las organizaciones de la Iglesia o a la ayuda de las comunidades parroquiales y vecinales para poder subsistir.

Esta situación ha visibilizado y “descubierto” los empleos esenciales, la mayoría de ellos caracterizados por sus tan precarias condiciones laborales, que rozan la indecencia, como son las personas trabajadoras del hogar y de cuidados, de la agricultura, de establecimientos de alimentación o repartidoras. Pero a pesar de su visibilización, continúan ejerciendo sus funciones en condiciones precarias y en la mayoría de los casos sin la protección adecuada. Hacer algo visible no significa su verdadero reconocimiento si esto no se acompaña de medidas que supongan unas condiciones laborales dignas que garanticen sus derechos laborales.

En este contexto caracterizado por una fuerte destrucción de empleo acompañada por altos niveles de precariedad de los trabajos esenciales y falta de medidas de protección social para apoyar a las personas que están sufriendo las peores consecuencias de la crisis, celebramos un año más el día Internacional por el Trabajo Decente y por ello, desde Iglesia por el Trabajo Decente con el lema “Nos movemos por el Trabajo Decente”, urgimos a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el trabajo decente sea una realidad accesible para todas las personas, con condiciones que permitan mantener una vida digna y que la protección social llegue a todas las personas que lo necesitan.

Prioridad fundamental

P.- Estos días resuenan muchos ecos de la encíclica del papa Francisco ‘Fratelli tutti’ que coinciden con las reivindicaciones de esta propuesta. ¿Qué supone esto?

R.- La iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente está en sintonía con el magisterio social de la Iglesia. Podemos decir que nuestro nacimiento como Iglesia por el Trabajo Decente tiene su origen en un llamamiento realizado por san Juan Pablo II para tejer una alianza mundial por el trabajo decente; una cuestión que, posteriormente, desarrolla Benedicto XVI en su encíclica ‘Caritas in veritate’ que señala el significado de la palabra decente aplicada al trabajo.

Y por último, en el pontificado de Francisco es una prioridad fundamental. La exigencia por el trabajo respetuoso con la dignidad de la persona, necesario para la inclusión social de los pobres, y esencial para el cuidado de la casa común, es una insistencia del papa Francisco. Desde el inicio de su pontificado, expresado en sus principales textos: ‘Evangelii gaudium, ‘Laudato si’’ y, más recientemente, en ‘Fratelli tutti’ (en los números 127, 162, 168…)

La Iglesia tiene una buena noticia para el mundo del trabajo. Francisco en su labor pastoral acompaña y compromete con los trabajadores más humildes y excluidos, organizados en movimientos populares, para reclamar tierra, techo y, sobre todo, trabajo, primer juego de 3T convertido en criterios de justicia social, en este cambio de época que ya vivimos; y convoca, escucha, dialoga y tiende puentes con el movimiento sindical mundial, para ofrecer un segundo juego de 3T, trabajo/tradición, tiempo y tecnología, como criterio de desarrollo humano integral (inclusivo y solidario), o en sus visitas pastorales a las diócesis italianas, con continuos encuentros con el mundo del trabajo.

En la fábrica de Ilva, lugar de trabajo y de trabajadores, por tanto del pueblo de Dios, exclamó: “el mundo del trabajo es una prioridad humana. Y, por lo tanto, es una prioridad cristiana, una prioridad nuestra, y también una prioridad del Papa”. En este sentido, este pontificado, su magisterio y su práctica pastoral es referencia y una alegría para Iglesia por el Trabajo Decente y para todas aquellas personas que lucha por un trabajo decente.

Transformar con el evangelio

P.- ¿Qué sistema productivo proponen las entidades de esta red de Iglesia  por el trabajo decente?

R.- Una reorganización de la economía que sin dejar de ser productiva, se respeten las leyes naturales de conservación y cuidado de la madre Tierra… una economía que vaya orientada al servicio de la personas y del bien común, que dé igualdad de oportunidades a los países más pobres distribuyendo la riqueza de manera equitativa y fraterna

Una reorganización del mundo del trabajo donde el empleo sea sujeto de dignificación de la persona, aportando a la sociedad su trabajo, creatividad y dones. Una organización del empleo donde se valoren de igual manera los trabajos de dirección, los de cuidados de la vida, los científicos y de investigación, orientado la realización del trabajo a la potenciación de la persona, al cuidado de la vida, de la familia y de la Creación.

Entendemos que el sistema productivo que ponga en el centro a la persona, se debe centrar en cubrir las necesidades humanas de estas, más que en el beneficio económico que mata como dice el papa Francisco. Hoy en el mundo muchas personas tienen necesidad de comida, techo, cuidados… sin embargo el crecimiento y desarrollo económico camina sin tener en cuenta a esta realidad que supone casi las dos terceras partes de la humanidad.  No tenemos pruebas que el desarrollo de sistema capitalista que pone en el centro al dinero disminuya la brecha entre pobres y ricos.

Necesitamos mirar la realidad con perspectiva global, creo que la pandemia de la COVID nos debe ayudad a ver esta realidad que nos implica a toda la humanidad, no hay soluciones locales o particulares. La iniciativa de Iglesia por el Trabajo Decente queremos denunciar y concienciar que para cambiar esta realidad de precarización del trabajo y por ende de la vida humana, precisa de hombres y mujeres que se comprometan en hacer posible esta realidad.

“Como movimientos de Iglesia, en Iglesia por el Trabajo Decente trabajamos en equipo con el fin de visibilizar la lucha por conseguir que el trabajo decente sea cada día más real en la vida de las personas y respetuoso con la casa común”. Como decía el Papa Pablo VI: “Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el evangelio, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio”. 

Taula rodona "Feina i Covid: triem un altre camí"

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dimecres, 30 de setembre del 2020

Una trobada telemàtica que trenca fronteres



Encuentro de trabajadores migrantes y autóctonos “Como Cristo, obligados a huir” 

El pasado domingo 27 de septiembre, celebramos por videoconferencia, el XI Encuentro de Trabajadores migrantes y autóctonos bajo el lema “Como Cristo, obligados a huir”. Nuestro obispo auxiliar Mons. José Cobo nos enseñó la foto en la que se inspiró el Papa Francisco para elegir este lema: una foto de un padre huyendo de la guerra de Siria llevando a su hijo dormido y con la cabeza del niño recostada encima de la suya. 

Así escenifica el Papa la postura de la Iglesia: cargar como San José con el Niño Dios Encarnado y perseguido por el poder dominante de entonces, ponerlo sobre sus hombros para acogerlo, defenderlo, promover su crecimiento e integrarlo en la “humanidad nueva” del plan de Dios. 

Lo he visto claro hoy leyendo el evangelio del día: Jesús aparece “cogiendo a un niño de la mano, poniéndolo a su lado y diciéndoles a los discípulos: el que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí” No hay mejor retrato de la esencia de Dios que la de acogida y defensa de alguien que no pinta nada en la sociedad y es considerado el menos importante, que eso es lo significaba ser niño entonces. Nunca estaremos más cerca de Dios que cuando acojamos a una persona débil e indefensa con un abrazo. 

Eso es lo que vimos en los dos testimonios que compartieron su vida en el Encuentro de trabajadores migrantes y autóctonos. 

Primero, el testimonio de Laura, inmigrante de Argentina con su esposo e hijos, desechada por las condiciones de su país, dejando las raíces de su patria y los lazos familiares por necesidad de sobrevivir, indefensa en un enorme aeropuerto madrileño y sin amigos, sin vivienda ni trabajo para dar de comer a sus hijos. Pero en Madrid encontró la parroquia de San León Magno con creyentes que la acogieron cariñosamente, escucharon la historia de su familia, compartieron techo y comida, establecieron lazos de cariño como si fuese su familia. Incluso buscaron juntos trabajo de entre las piedras hasta que el esposo lo encontró. Laura resume todo en “sentimos que eran nuestra familia y sentimos la presencia cariñosa de Dios”. ¿Se puede decir mejor y más breve lo que es la Iglesia? Los cristianos de San León Magno ¿estarían más cerca de Dios que cuando Él se encarnó como indefenso y alguien le dio su hombro para dormir? ¿Puede un creyente identificarse mejor con Jesucristo que cuando Él mismo acogió a unos mocosos que entonces eran los últimos de la sociedad, para ponerlos como su propia carne al decir “el que acoge a este niño me acoge a mí? 

Segundo, el testimonio de Ángel, vecino de Vallecas, casado con su esposa Diana de doble nacionalidad ecuatoriana y española, trabajador que está sufriendo en sus propias carnes un paro de 6 años (y lo que te rondaré morena, al tener ya 59 años). Pero él no se dio por derrotado al perder el derecho fundamental del trabajo, sino que hizo de la injusta necesidad, virtud. Ya que no estaba en su mano encontrar empleo, dedicó todas sus fuerzas a participar en el AMPA del colegio de su hijo Mateo, a hacer cursos de reciclaje, a ir a todas las reivindicaciones que buscaran el derecho al trabajo, a acudir a las asociaciones que mantuvieran la convicción de que, aunque habían perdido el empleo no habían perdido la dignidad. Por último, durante el confinamiento por la pandemia del Cobid-19 trabajó en acompañar a su hijo en las tareas online que le mandaban los profesores. Por las noches se preparaba los temas y dinámicas escolares, porque durante el día se ocupaba del hogar mientras su esposa teletrabajaba. Las manos cariñosas que le acompañaron, fueron la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y la parroquia de San Pablo en Vallecas. En la Iglesia encontró la acogida de Dios que protege frente a la crueldad de la economía que provoca el paro, la fuerza de Dios que promueve a ser protagonista de tu vida aunque no tengas empleo, los lazos de cariño de Dios que integran en la familia humana como el buen samaritano. Esta es la tarea de la Iglesia que nos libra de la indiferencia dominante ante el migrante y refugiado, cuando no de un miedo ante lo diferente y desconocido. 

La canción y video “Duele demasiado” de David Bisbal con su voz desgarrada repetía machaconamente entre imágenes de niños viviendo tres años en Siria entre escombros de guerra o en campamentos inhumanos. “Por culpa de otros pagan muy caro un contrato que jamás han firmado”. La canción acusaba: “Mira al otro lado, mira al otro lado. No te gusta darte cuenta cuántos nadan en el fango. Esos ojos te están vigilando. Es más fácil olvidarlos… Si el mundo sigue equivocado, no puedo aguantar este grito callado por ti, por mí, por los que ni se enteran. Me duele demasiado. Duele demasiado” Terminamos el Encuentro con la oración que compuso el Papa Francisco invitándonos al cariño y compasión de Dios, escenificado en San José con su niño, Hijo de Dios Encarnado, dormido y recostado sobre su cabeza. Nos sentimos contentos por la realización del Encuentro y damos gracias a Dios por habernos concedido la ocasión de sensibilizarnos con los migrantes y trabajadores.