divendres, 1 de maig del 2020
dijous, 30 d’abril del 2020
dilluns, 27 d’abril del 2020
Església pel Treball Decent en marxa!!!
Iglesia por el Trabajo Decente reclama un ingreso mínimo vital y medidas sociales urgentes para los trabajadores más vulnerablespor Comunicación ITD |
Propone, entre otras, la prestación por desempleo para las empleadas de hogar y la regularización extraordinaria de los trabajadores “sin papeles”
[Campaña en redes sociales. Etiqueta #AplausoPorElTrabajoDecente]
En el manifiesto que con motivo de este 1º de Mayo hace público Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), las entidades de inspiración cristiana que impulsan esta iniciativa (Cáritas, Conferencia Española de Religiosos-CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica-HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica-JEC y Juventud Obrera Cristiana-JOC) reclaman con urgencia la aprobación de un ingreso mínimo garantizado, el reconocimiento del derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, la regularización extraordinaria e inmediata de los trabajadores “sin papeles” y un pacto de Estado que apueste por la centralidad de la persona y el trabajo decente.
En este Primero de Mayo “extraordinariamente marcado por la crisis de la pandemia”, el manifiesto reafirma “que el trabajo es para la vida, que debe garantizarse unas condiciones laborales que protejan la integridad física y psíquica de la persona, y que favorezca su protección social, esenciales para una vida digna”.
Como subrayan las entidades de ITD, “no nos cabe duda de que la crisis laboral y económica provocada por la pandemia del COVID-19 hubiera tenido un menor impacto sin la indecente precariedad laboral, ese 'virus' que caracteriza el sistema de relaciones labores, que lesiona los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias; si la sanidad y el conjunto de políticas sociales hubieran contado con los recursos que necesitan y que fueron recortados como consecuencia de la anterior crisis financiera”.
El manifiesto pone el foco en “los empleos más precarizados, como son los de personas trabajadoras del hogar y de cuidados, de la agricultura, de establecimientos de alimentación o repartidoras, que hasta el momento han estado invisibilizados y no han tenido un justo reconocimiento laboral y social”. Se trata de unos sectores laborales que “en este momento de crisis sanitaria, se han ‘descubierto’ como esenciales para la sostenibilidad de la vida, para garantizar el bienestar de todas las personas y que no nos falten alimentos y cuidados durante el periodo de cuarentena”. A pesar de ello, estos trabajadores y trabajadoras siguen “ejerciendo sus funciones en condiciones precarias y en la mayoría de los casos sin la protección adecuada”.
En la actual emergencia social causada por el coronavirus, “el empleo que en primer lugar se ha destruido —denuncia ITD— es el más débil, el que carece de redes de protección social”. Por ello, lanza una llamada “para que se articulen e impulsen todas las medidas necesarias evitando que esto vuelva a pasar y para construir una red de protección social para quienes han perdido empleo, salario y derechos, para que nadie se quede atrás”.
De manera concreta, ITD en España demanda:
- El reconocimiento de un ingreso mínimo garantizado en un programa articulado que integre las políticas sociales en España.
- El derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, así como el reconocimiento social del trabajo de hogar y de cuidados.
- La regularización extraordinaria y urgente de los trabajadores y las trabajadoras “sin papeles” y descartados de los derechos de ciudadanía.
- Un pacto de Estado que, entre otras cuestiones, apueste por la centralidad de la persona y el trabajo decente, piedra angular sobre lo que se sostiene todo lo demás.
- El fortalecimiento del pilar de los derechos sociales en Europa.
El manifiesto finaliza con una invitación “a las comunidades cristianas a unirnos, desde la distancia física obligatoria, desde nuestras casas, en la celebración y la oración”, y a “participar con creatividad en aquellas acciones que puedan hacer visible la necesidad de un trabajo decente acorde con la dignidad humana”.
Debacle del empleo
ITD subraya los datos más recientes de la realidad del empleo y que, en esta ocasión, muestra un panorama desolador:
- 4 millones de trabajadores afectados por un ERTE, según previsiones del Gobierno.
- 3.548.312 personas desempleadas, según paro registrado a 31 de marzo de 2020.
- 1,4 millones de autónomos han cesado su actividad (solicitudes de ayuda por cese de actividad).
- 833.979 empleos destruidos.
- Más de 1 millón de parados (1.004.595) no reciben ninguna tipo de prestación ni subsidio.
- 3.548.312 personas desempleadas, según paro registrado a 31 de marzo de 2020.
- 1,4 millones de autónomos han cesado su actividad (solicitudes de ayuda por cese de actividad).
- 833.979 empleos destruidos.
- Más de 1 millón de parados (1.004.595) no reciben ninguna tipo de prestación ni subsidio.
Cabe destacar, además, que el grueso de la pérdida de afiliación se concentra en el régimen general (836.603 personas menos, un descenso del 5,6%), seguido a gran distancia por el régimen de autónomos (40.877 personas menos y un retroceso del 1,3%), el sistema especial del hogar (descenso de 12.060 personas, es decir, una bajada del 1,6%), el sistema especial agrario (6.418 personas menos, descenso del 1,6%) y el régimen especial del mar (pérdida de 2.863 afiliados, lo que supone una merma del 4,5%).
Asimismo, la pérdida de población afiliada por tipo de contrato desde el 12 de marzo se concentra entre la población asalariada con contrato temporal (-550.651 personas, -17,3%) frente a la población asalariada con contrato indefinido (-162.582, -1,9%).
Ha sido la extinción y no renovación de contratos temporales la que, en gran medida, ha provocado la destrucción de empleo. Tanto es así que el porcentaje de caída de la afiliación en los contratos indefinidos, según datos de la Seguridad Social, es del 1,92%, mientras que el porcentaje en relación con la contratación temporal alcanza el 17,30%.
***
Documento de orientaciones (pdf) e imágenes para redes sociales.
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diumenge, 26 d’abril del 2020
La Glossa del bisbe Josep Àngel sobre el 1r de Maig
El Día del Trabajo en medio del confinamiento
El próximo viernes, 1 de mayo, celebraremos la fiesta de san José Obrero, patrono de los trabajadores, fecha que coincide con el Día Mundial del Trabajo. Lo haremos, paradójicamente, en pleno confinamiento, en una situación extraña en la que muchas personas han perdido el empleo, otros no se pueden desplazar a sus lugares de trabajo, y en el mejor de los casos, se trabaja telemáticamente desde sus hogares. Esta celebración litúrgica fue instituida en 1955 por el papa Pío XII. Su deseo era dignificar el trabajo poniendo a san José como su modelo y protector. Otro hito importante tuvo lugar el año 2000, en el Jubileo de los Trabajadores, cuando san Juan Pablo II se dirigió a ellos diciendo: «Queridos trabajadores, empresarios, cooperadores, agentes financieros y comerciantes, unid vuestros brazos, vuestra mente y vuestro corazón para contribuir a construir una sociedad que respete al hombre y su trabajo».
Cuando hablamos del trabajo, no nos referimos a un tema secundario. Se trata de un elemento fundamental de la vida humana que engloba el conjunto de actividades que los seres humanos realizan con el objetivo de alcanzar metas, de producir bienes y servicios para atender las necesidades humanas. Para el creyente tiene además un sentido de participación en la obra creadora de Dios, así como una ocasión de colaboración y servicio a los demás, y por último un medio de crecimiento y de santificación personal. Nuestro trabajo también comporta una relación con la naturaleza y unas consecuencias con el medio ambiente.
Pero a día de hoy, tenemos que reconocer que el coronavirus está afectando muy seriamente a toda la humanidad. Ha alterado nuestro ritmo y nuestro sistema de vida más allá de lo que se podía imaginar. Sus efectos sobre el mercado laboral están siendo devastadores y lo serán aún más en el futuro inmediato, con una fuerte caída del empleo. Continuamente nos golpean las noticias sobre las repercusiones que esta crisis y el confinamiento comportan en todo el tejido social y económico, sobre todo para los autónomos y para las pequeñas y medianas empresas, y más aún para un sector como el turismo, que es uno de los principales motores de la economía de nuestro país.
Yo me pregunto: ¿Qué podemos decir ante esta situación? Vienen a mi memoria las palabras del papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate, cuando afirmaba que «la Iglesia no pretende ofrecer soluciones técnicas a los problemas de nuestros días, sino recordar los grandes principios éticos sobre los que puede construirse el desarrollo humano”. La Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que la organización de los pueblos y del mundo entero, no puede llevarse a cabo si no se coloca en el centro a la persona humana y si no se tiene como fundamento último a Dios, que es Creador y Providente, que es Amor, que quiere el bien de sus hijos y les enseña el camino de realización integral y de convivencia como hermanos formando una familia.
Esta pandemia ha puesto en evidencia la fragilidad de nuestro sistema, de nuestras previsiones, de nuestras defensas. Ahora llega el tiempo de la reconstrucción, de plantear muchas cosas de manera diferente, de adoptar un nuevo estilo de vida. Por nuestra parte hemos que intensificar la vida de fe, el anuncio de Cristo y especialmente la acción caritativa y social con los más afectados por la crisis. Es verdad que el género humano posee suficientes recursos y posibilidades y tiene la experiencia de haber superado otras crisis. Es, pues, la hora del esfuerzo, del compromiso solidario, de la responsabilidad, por encima de intereses personales y partidistas. El papa Francisco nos acaba de proponer un plan para resucitar ante la emergencia sanitaria. Nos ofrece su hoja de ruta para reconstruir el planeta y conformar la civilización del amor frente a “la pandemia de la exclusión y la indiferencia”.
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
El Dia del Treball enmig del confinament
Divendres vinent, el dia 1 de maig, celebrarem la festa de sant Josep Obrer, patró dels treballadors, data que coincideix amb el Dia Mundial del Treball. Ho farem, paradoxalment, en ple confinament, en una situació ben estranya en la que moltes persones han perdut la feina, d’altres no es poden desplaçar als seus llocs de treball, i en el millor dels casos, es treballa telemàticament des de les llars. Aquesta celebració litúrgica va ser instituïda l’any 1955 pel papa Pius XII. El seu desig era dignificar el treball posant sant Josep com el seu model i protector. Una altra fita important va tenir lloc l'any 2000, amb motiu del Jubileu dels Treballadors, quan sant Joan Pau II es va dirigir a ells tot dient: «Estimats treballadors, empresaris, cooperadors, agents financers i comerciants, uniu els vostres braços, la vostra ment i el vostre cor per contribuir a construir una societat que respecti l'home i el seu treball ».
Certament, quan parlem de treball, no estem parlant d’un tema secundari. Es tracta d'un element fonamental de la vida humana que engloba el conjunt d'activitats que els éssers humans realitzen amb l'objectiu d'assolir fites, de produir béns i serveis per atendre les necessitats humanes. Per al creient té a més un sentit de participació en l'obra creadora de Déu, així esdevé una ocasió per col·laborar i servir els altres, i finalment un mitjà de creixement i de santificació personal. El nostre treball també comporta una relació amb la natura i unes conseqüències amb el medi ambient.
Però ara per ara, hem de reconèixer que el coronavirus està afectant molt seriosament a tota la humanitat. Ha alterat el nostre ritme i el nostre sistema de vida més enllà del que hom es podia imaginar. Els seus efectes sobre el mercat laboral estan sent devastadors i ho seran encara més en un futur immediat, amb una forta caiguda de l'ocupació. Contínuament rebem dures notícies sobre les repercussions que aquesta crisi i el confinament comporten en tot el teixit social i econòmic, sobretot per als autònoms i per a les petites i mitjanes empreses, i més encara per a un sector com el turisme, un dels principals motors de l'economia del nostre país.
Jo em pregunto: Què podem dir davant d'aquesta situació? Recordo les paraules del papa Benet XVI en la seva encíclica Caritas in veritate, quan afirmava que "l'Església no pretén oferir solucions tècniques als problemes dels nostres dies, sinó recordar els grans principis ètics sobre els quals pot construir-se el desenvolupament humà". La Doctrina Social de l'Església ens recorda que l'organització dels pobles i de la humanitat, no es pot dur a terme sense col·locar en el centre la persona humana i si no es té com a fonament últim Déu, que és Creador i Provident, que és Amor, que vol el bé dels seus fills i els ensenya el camí de la realització integral i de la convivència com a germans formant una família.
Aquesta pandèmia ha posat en evidència la fragilitat del nostre sistema, de les nostres previsions i de les nostres defenses. Ara és arribat el temps de la reconstrucció, de plantejar moltes coses de manera diferent, d'adoptar un nou estil de vida. Per la nostra part hem d'intensificar la vida de fe, l'anunci de Crist i especialment l'acció caritativa i social amb els més afectats per la crisi. És veritat que el gènere humà té prou recursos i possibilitats i, a més, l'experiència d'haver superat altres crisis. És, doncs, l'hora de l'esforç, del compromís solidari, de la responsabilitat, per damunt dels interessos personals i partidistes. El papa Francesc ens acaba de proposar un pla per ressuscitar davant l'emergència sanitària. Ens ofereix el seu full de ruta per reconstruir el planeta i conformar la civilització de l'amor davant "la pandèmia de l'exclusió i la indiferència".
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Bisbe de Terrassa
Tornar a la normalitat?

Un mes de confinamiento en las casas
Pues yo, lo siento, pero no quiero volver a la "normalidad". No
anhelo volver a las caravanas diarias para ir al trabajo, a pasar menos tiempo
con mi familia, ni a ver la "boina" negra amenazando el cielo de
Madrid, a una educación segregadora y con ratios insostenibles, a la precariedad
de la Sanidad, al elitismo de que gane más el que más dinero sea capaz de
producir menospreciando labores tan fundamentales en este crisis como las de
limpiar, reponer o entregar productos, cuidar a los mayores... Detestaría
regresar a la orgía de consumismo compulsivo y sin sentido que nos hacía
comprar productos innecesarios y de mala calidad, fabricados en países pobres
por personas pobres en condiciones de semiesclavitud, para que otros puedan
seguir acumulando sus riquezas, sólo por el hecho de que esas prendas son
baratas y de temporada.
Tampoco quiero recuperar esa proximidad ficticia que nos hacía llamar de
vez en cuando y casi rutinariamente a nuestros familiares más cercanos, sin
importarnos realmente por sus vidas; ni a cruzarme de nuevo con los vecinos
en el ascensor sin mirarnos a los ojos y sonreírnos, conscientes de que la
vida nos pasa a todos. Ni a seguir viviendo ajeno al resto del mundo,
encapsulado en mi "privilegiado" modo de vida. Ni a continuar viendo
a los inmigrantes con miedo, como enemigos a los que hay que
cerrar el paso con concertinas o muros. No, no quiero volver a la normalidad de
la que todo el mundo habla.
No deseo seguir mirando para otro lado y fingir que no pasa nada, que
estamos bien, que todo va a salir bien. No quiero resignarme a aceptar que
todo se arregla con una vacuna o con una aplicación de geolocalización en
el móvil que controle todos nuestros pasos. No quiero seguir escuchando excusas
para no hablar de lo importante. No puedo tolerar que haya quienes, por
sus propios intereses, mantengan el discurso del negacionismo, pero pretendan
mantener las políticas del darwinismo social que están provocando más pérdidas
humanas. Volver a esa normalidad en la que se siguen talando árboles y seguimos
destruyendo la biodiversidad, en la que seguimos destruyendo el planeta y a
gran parte de la humanidad con guerras y explotación por fines
económicos. No quiero seguir promoviendo la desigualdad y la injusticia,
el abuso al que estamos sometiendo a otras especies animales. Ni pensar que el
cambio climático nos queda muy lejos.
Estos días vemos en los medios de comunicación algunas noticias sobre la
recuperación de los peces en los canales de Venecia, los delfines en los
puertos de Cagliari o el regreso de especies en vías de extinción a algunas
costas. Y parece que todo esto fuera una consecuencia anecdótica de lo que nos
sucede. Como un "anda, mira, qué bonito" que nada tiene que ver con
nuestra forma de vida, con nuestra propia supervivencia. No quiero volver a la
normalidad de playas colonizadas por sombrillas, canales turbios y
puertos contaminados. Esto no es una anécdota, es sólo un reflejo de lo que
nos pasa. Y lo que nos sucede es que no sólo podemos perder nuestra forma de
vivir, sino que está en riesgo la vida de muchas personas, tal y como
han estado alertando muchos científicos durante estos últimos años.
Siento que no se habla de lo importante. No se trata de vencer al
coronavirus, ni siquiera de cómo voy a sobrevivir este mes. Se trata de
cuestionar nuestro modo de vida para poder seguir viviendo más allá de un
mes, de un año o una década, y de que nuestros hijos, hijas y aquellos que
están por venir también puedan hacerlo. Y, para ello, lo que debería de estar
encima de la mesa es que no podemos seguir consumiendo de esta forma.
No podemos seguir devastando los bosques para plantar cereales que
dan de comer a los animales de los que nos alimentamos; ni explotándolos en
granjas en condiciones de extrema insalubridad que aumentan los riesgos de
causar enfermedades; ni sacrificarlos en espacios de tiempo cada vez más cortos
que provocan que los virus necesiten aumentar su agresividad y la velocidad de
transmisión para continuar con sus ciclos vitales; ni contribuyendo a mercados
negros de especies exóticas sólo por el capricho de tener en casa un raro
animalito que decora muy bien mi habitación, y cuya presencia no hace más que
acercarnos (a nosotros y a nuestros animales) a enfermedades de las que ni
habíamos oído hablar y que ahora amenazan con romper de un plumazo todo lo
construido; ni utilizando cada día transportes que, a causa de quemar
combustibles fósiles, lanzan al aire agentes contaminantes que son los
perfectos vehículos de propagación de agentes patógenos por todo el mundo; a
seguir plastificando el mar y nuestros acuíferos, plásticos que terminan
degradándose y formando parte de la sal que condimenta nuestras comidas o del
agua mineral embotellada que bebemos porque la del grifo no nos parece
suficientemente fiable...
Porque el coronavirus pasará, más tarde o más temprano. Y no se trata de
ser catastrofista, los hechos acontecidos no nos permiten seguir negando las
evidencias, que a estas alturas ya parece que se quedaron cortas. Todo apunta a
que vendrán nuevas pandemias, a que el calentamiento global ya está aquí y no
estamos haciendo nada para amortiguar su efecto imparable. Y seguimos sin
hablar de lo importante: ¿qué vamos a hacer para NO volver a la normalidad?
¿Qué vamos a cambiar para garantizar nuestra supervivencia y evitar el
sufrimiento de tantas personas?
Sé que esta crisis va a traer unas consecuencias nefastas, sobre todo
para los más vulnerables. Y sé que es difícil pensar en todo esto cuando estás
afectado por un ERTE o corres el riesgo de tener que cerrar tu empresa
familiar. Y mucho más aún si has perdido a alguien y no has podido despedirte,
o tienes a alguien a quien quieres enfermo y completamente aislado en el
hospital o en un pabellón de un recinto ferial. Sé que es difícil imaginar una
normalidad que no sea de la que venimos. Pero habrá que ser creativos. Porque
lo que no hemos entendido es que no vamos a volver a "lo de antes",
porque cuando podamos salir, tendremos heridas. Algunos habrán perdido a sus
seres queridos, otros sus empleos y otros sufrirán aún más precariedad y
recortes en sus libertades con la promesa de mantener nuestro "ideal"
estilo de vida. Un estilo de vida que, por supuesto, es mejor que en otros
lugares del planeta.
Desde luego, y lo es no porque aquí seamos mejores o tengamos más suerte,
sino porque nuestro estilo de vida depende en gran medida de su precariedad y
de su pobreza. ¿O pensamos que nuestros móviles, nuestra ropa, nuestros
coches, nuestras verdura. costarían lo mismo si quienes las producen vivieran
en las mismas condiciones que nosotros? Podemos seguir mirando para otro
lado, como lo hemos hecho hasta ahora, podemos seguir queriendo "volver a
la normalidad", pensar que la Covid-19 es una pequeña anomalía en nuestro
camino. Lo que no hemos comprendido es que eso ya no es posible. De esta forma,
lo único que conseguiremos es alargar el desastre, posponiendo un sufrimiento
que nos va a ir llegando a cuenta gotas y que, al igual que en el experimento
de la rana escaldada, cuando nos queramos dar cuenta, ya no habrá marcha atrás.
Por eso, me gustaría que
no volviéramos a la normalidad, que no cayéramos en el fatalismo de que no se
puede hacer nada, de que ya está todo decidido. Puede que así sea, pero me
resisto a ello. Y una vida distinta, una vida que garantice nuestra
supervivencia de verdad, que ponga por delante el bienestar de las personas
y el cuidado mutuo a la acumulación de capital, que apueste por la Naturaleza y
no la destrucción de ésta, no tiene por qué ser peor que la normalidad que
vivíamos antes del confinamiento. Quiero salir de casa, no voy a negarlo, como
todo el mundo, y ver al resto de mi familia y a mis amigos, pero no quiero que
el coste de mi libertad, de todas nuestras libertades, se salden con una
condena mucho mayor a corto o medio plazo. Tendrán que cambiar muchas cosas,
eso sí: nuestra relación con el medio ambiente, con el consumo, con las
comunicaciones... Y quizás tengamos miedo, pero espero y deseo no volver a la
normalidad.
Carlos Candel
(Comunidades cristianas populares de base . Granada)
Un 1r de Maig especial
Un 1º de Mayo extraordinariamente marcado por la crisis de la COVID-19 y sus graves consecuencias socioeconómicaspor Comunicación ITD |
Un eje de prioridades de trabajo de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) es la celebración de la fiesta de san José obrero y día internacional de los trabajadores y las trabajadoras, el 1º de Mayo, que sus entidades promotoras abordan conjuntamente por tercer año consecutivo.
ITD presenta un manifiesto que recoge la situación del trabajo en España. Será presentado el próximo lunes 26 de abril a las 11 horas aquí, en su página web y en su perfil de Twitter (@IglesiaxTD), junto a la una nota de prensa que se remitirá a los medios de comunicación social.
La centralidad de la persona y la clave del trabajo
En la convocatoria de este año del Gran Confinamiento, provocado por la pandemia de la COVID-19, ITD incorpora a su manifiesto una realidad muchas veces silenciada como es el trabajo escasamente valorado de trabajadores que pese a sus condiciones laborales débiles y precarias, son esenciales para el cuidado de la vida y es tarea de la sociedad entera la preocupación por el trabajo digno», dice el papa Francisco. Junto a esta realidad, el manifiesto incorpora una serie de reclamaciones para dar respuesta a la gravedad de esta crisis socioeconómica, desde la centralidad de la persona y la clave esencial del trabajo decente.
Campaña en redes sociales; balcones y ventanas, como lugar de expresión
Con la publicación del manifiesto se lanzará una campaña en las redes sociales. Acción abierta a quienes quieran conversar sobre él. El 26 de abril se lanzará una etiqueta (hashtag) para compartir los contenidos del manifiesto desde la cuenta de ITD en Twitter y desde los perfiles de las entidades promotoras. A diferencia de otros años, las convocatorias de este Primero de Mayo tiene un carácter extraordinario, por motivos de confinamiento y distanciamiento social necesario en este tiempo, que no nos mantendrá invisibilizados, lo haremos a través de las redes sociales y del "nuevo" espacio público: nuestros balcones y ventanas.
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