Una cosa es indignarse, con toda razón, contra el acto terrorista que
acabó con los mejores caricaturistas franceses. Se trata de un acto
abominable y criminal, imposible de ser apoyado por cualquiera que sea.
Otra
cosa es buscar entender analíticamente por qué tales sucesos
terroristas ocurren. No caen del cielo azul. Detrás de ellos hay un
cielo oscuro, hecho de historias trágicas, matanzas masivas,
humillaciones y discriminaciones, cuando no de verdaderas guerras como
las de Iraq y Afganistán que sacrificaron vidas de miles y miles de
personas o las obligaron a marchar al exilio.
Estados Unidos y varios países europeos estuvieron presentes en estas
guerras. En Francia viven algunos millones de musulmanes, la mayoría en
las periferias de las ciudades, en condiciones precarias. Muchos de
ellos, aunque hayan nacido en Francia, están altamente discriminados
hasta el punto de surgir una verdadera islamofobia. Después del atentado
a las oficinas de Charlie Hebdo, fue atacada a tiros una mezquita, un
restaurante musulmán fue incendiado y una casa de oración islámica fue
también tiroteada.
Se trata de superar el espíritu de venganza y de renunciar a la
estrategia de enfrentarse a la violencia con más violencia todavía. Ello
crea una espiral de violencia interminable, que produce incontables
víctimas, la mayoría de ellas inocentes. Y nunca se llegará a la paz. Si
quieres la paz prepara medios de paz, fruto del diálogo y de la
convivencia respetuosa entre todos.
El atentado terrorista de 11 de septiembre de 2001 contra Estados
Unidos fue paradigmático. La reacción del presidente Bush fue declarar
la "guerra infinita" contra el terror e instituir el "acto patriótico"
que viola derechos fundamentales de los ciudadanos.
Lo que Estados Unidos y sus aliados occidentales hicieron en Iraq y
en Afganistán fue una guerra moderna con una mortandad de civiles
incontable. Si en estos países hubiese solamente amplias plantaciones de
dátiles y de higos nada de eso habría ocurrido. Pero en ellos hay
muchas reservas de petróleo, sangre del sistema de producción mundial.
Tal violencia dejó un rastro de rabia, de odio y de deseo de venganza en
muchos musulmanes que vivían en esos países o por todo el mundo.
A partir de este trasfondo se puede entender que el abominable
atentado de París es resultado de esta violencia primera y no causa
originaria. No por eso se justifica.
El efecto de este atentado es instalar un miedo generalizado. Ese es
el efecto que busca el terrorismo: ocupar las mentes de las personas y
hacerlas rehenes del miedo. El significado principal del terrorismo no
es ocupar territorios, como hicieron los occidentales en Afganistán y en
Iraq, sino ocupar las mentes.
La profecía que hizo el autor intelectual de los atentados del 11 de
septiembre, Osama Bin Laden, el 8 de octubre de 2001, lamentablemente se
realizó:
«Estados Unidos nunca más tendrá seguridad, nunca más
tendrá paz». Ocupar las mentes de las personas, mantenerlas
desestabilizadas emocionalmente, obligarlas a desconfiar de cualquier
gesto o de personas extrañas, es el objetivo esencial del terrorismo.
Para alcanzar su objetivo de dominación de las mentes, el terrorismo persigue la siguiente estrategia:
( 1 ) los actos tienen que ser espectaculares, de lo contrario no causan una conmoción generalizada;
( 2 ) los actos, a pesar de ser odiados, deben causar admiración por el ingenio empleado;
( 3 ) los actos deben sugerir que fueron minuciosamente preparados;
( 4 ) los actos deben ser imprevistos para dar la impresión de ser incontrolables;
( 5 ) los autores de los actos deben permanecer en el anonimato
(usando máscaras) porque cuanto más sospechosos haya, mayor es el miedo;
( 6 ) los actos deben causar miedo permanente;
( 7 ) los actos deben distorsionar la percepción de la realidad :
cualquier cosa diferente puede producir el terror. Basta ver a algunos
chicos pobres entrando en los centros comerciales y ya se proyecta la
imagen de un asaltante potencial.
Formalicemos un concepto de terrorismo: es toda violencia
espectacular, practicada con el propósito de ocupar las mentes con miedo
y pavor.
Lo importante no es la violencia en sí, sino su carácter
espectacular, capaz de dominar las mentes de todos. Uno de los efectos
más lamentables del terrorismo fue haber suscitado el Estado terrorista
que es hoy Estados Unidos. Noam Chomsky cita a un funcionario de los
órganos de seguridad estadounidenses que confesó: «Estados Unidos es un
estado terrorista y nos enorgullecemos de ello».
Ojalá no predomine en el mundo, especialmente en Occidente, este
espíritu. Ahí sí, iríamos al encuentro de lo peor. Solamente los medios
pacíficos tienen la fuerza secreta para vencer la violencia y las
guerras. Esta es la lección de la historia y el consejo de sabios como
Gandhi, Luther King Jr, Francisco de Asís y Francisco de Roma.
Leonardo Boff